
Puede que sea la crisis, los problemas de WebOS, la marejada que sufre RIM o la incertidumbre de Nokia, pero es evidente que este ha sido un MWC muy conservador, siguiendo la estela de otros años en la que ya era evidente el dominio de Android como sistema operativo de la mayoría de nuevos modelos.
De todos modos este año hemos visto como el competidor más cercano de Android entre los fabricantes, que no es iOS sino Windows Phone, se colaba con fuerza como alternativa minoritaria en alguno de los modelos presentados, como el Nokia Lumia 610 o el ZTE Orbit.











