Samsung ha elegido un escaparate poco habitual para defender el apellido Ultra: un entrenamiento competitivo real dentro de Trainer Games
Hay un tipo de producto que siempre se vende fácil en tienda y se juzga de verdad fuera: el que promete aguantarlo todo. En móviles y relojes, esa promesa suele quedarse en frases bonitas y fotos en la montaña, pero la vida real es menos épica y más constante: sudor, golpes, largas sesiones de entrenamiento y días en los que lo único que quieres es que el seguimiento no falle.
Por eso me ha llamado la atención que Samsung haya elegido una vía distinta para defender su gama Ultra: poner el Galaxy S25 Ultra y el Galaxy Watch Ultra en un contexto de esfuerzo real, con personas compitiendo y usando el mismo hardware que cualquiera se puede comprar.
Y es inevitable pensar en ello cuando, en paralelo, se siguen recomendando modelos por su equilibrio y precisión en guías recientes como esta de relojes inteligentes que merecen la pena en 2026.
Un escaparate distinto: del anuncio al estrés real
La idea es simple: los dos dispositivos aparecen en Trainer Games, una serie de resistencia de iFIT disponible en Prime Video. No es una demo controlada ni una presentación con música épica. Es un escenario donde importa el ritmo, la recuperación y mantener la cabeza fría cuando el cuerpo no acompaña.
Los atletas no llevan prototipos ni unidades de prueba para prensa. Usan unidades estándar, de las que se venden en tienda, para gestionar el pacing y la recuperación bajo presión. Ese detalle, por pequeño que parezca, es el que cambia el relato y es el realmente interesante.
El reloj como entrenador, no como contador de pasos
La apuesta gira alrededor de Samsung Health y de cómo el Watch Ultra funciona como un entrenador digital cuando se usa en serio. Se habla de seguimiento de frecuencia cardiaca, métricas de recuperación y entrenos guiados para correr, además de recomendaciones para dormir mejor.
Y hay dos funciones que, por raras, se te quedan. Una es ese índice de antioxidantes, planteado como un indicador ligado a la ingesta. La otra es el enfoque de guía que se muestra también al espectador, como si el contenido fuera una mezcla entre competición y clase práctica de métricas: no solo mirar números, sino entender qué significan cuando el esfuerzo aprieta.
El S25 Ultra aquí no va de cámara, va de aguantar el día largo
En un formato así, el móvil no es el protagonista, pero sí el compañero inevitable: soporte de datos, pantalla, batería, y esa sensación de que todo va fluido aunque lleves encima media vida digital. Es curioso, porque cuando se habla del S25 Ultra se suele ir directo a potencia o fotografía, pero en un contexto de entrenamiento, lo que pesa es otra cosa: consistencia.
Y ahí encaja bien la idea de que el Ultra se evalúa mejor por cómo responde en días largos que por lo bien que queda en una tabla. El atractivo real acaba siendo el mismo: que no te obligue a estar pendiente del dispositivo, sino a usarlo y punto.
La jugada tiene una lectura práctica: si alguien duda de pagar el extra del apellido Ultra, ver el reloj y el móvil atravesar un entrenamiento competitivo funciona como prueba social más creíble que el anuncio perfecto.
También sirve para aterrizar una idea que se repite mucho con wearables: lo difícil no es medir, lo difícil es que todo esté bien integrado y no se rompa la experiencia por una sincronización tonta. Y sí, esas cosas pasan, como se vio hace nada con problemas de sincronización entre reloj y móvil en ciertos ajustes. La diferencia está en cómo de sólido es el conjunto cuando lo metes en rutina.
Imágenes | Manuel Naranjo, Prime Video
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