Samsung presenta sus nuevas gafas inteligentes con un objetivo: que no lo parezcan

Las Nuevas Gafas De Samsung

Ni Gentle Monster ni Warby Parker suenan a marcas de tecnología

Manuel Naranjo

Editor

Durante tiempo, cualquier intento de meter tecnología en unas gafas ha tropezado con el mismo problema: el aparato se nota. Cámaras visibles, monturas gruesas, un aire a prototipo que aleja al usuario que solo quiere unas gafas normales con algo de inteligencia añadida. Samsung ha decidido resolver ese problema empezando por donde debía: contando con quien sabe de gafas, no solo de chips.

En el marco de Galaxy Unpacked celebrado en Londres, la compañía ha presentado sus primeras gafas inteligentes de uso diario, desarrolladas junto a dos firmas con peso propio en el diseño de monturas: Gentle Monster y Warby Parker.

La idea de fondo conecta directamente con lo que ya se apuntaba tras la demostración conjunta con Google en el pasado I/O, cuando Samsung y Google mostraron unas gafas en las que la IA ve lo mismo que el usuario tiene delante, aunque entonces todavía sin fecha ni producto final.

Dos diseños, dos personalidades distintas

Samsung no ha optado por una montura única, sino por dos propuestas con carácter propio.

La edición firmada por Gentle Monster apuesta por una línea negra y fina, con la parte superior recta y los bordes inferiores suavemente redondeados, resultando en una silueta más vanguardista.

La de Warby Parker se decanta por un tono marrón intenso y una línea superior ligeramente elevada, con un aire más clásico y pensado para encajar en cualquier entorno, desde una reunión de trabajo hasta una cena.

Samsung ha trabajado con ambas marcas en el ajuste de zonas tan concretas como la frente y las orejas, algo que en unas gafas pensadas para llevarse toda la jornada pesa tanto como cualquier especificación técnica.

Autonomía pensada para no pensar en la batería

Con una sola carga, las gafas prometen hasta nueve horas de uso, una cifra que cubre de sobra una jornada laboral normal. El estuche de carga suma hasta siete cargas completas adicionales, lo que en la práctica convierte a las gafas en un dispositivo que rara vez pide enchufe, salvo que se use de forma muy intensiva.

Detrás de esa autonomía está la plataforma Snapdragon AR1 Gen1 de Qualcomm, encargada de mover la asistencia de IA en tiempo real sin disparar el consumo ni el calentamiento de una montura que, por definición, no tiene apenas espacio interno para disipar nada.

Gemini como asistente que ve lo que ve el usuario

La cámara integrada no está pensada principalmente para hacer fotos, sino para darle a la IA contexto visual de lo que el usuario tiene delante. Sobre esa base, Samsung y Google han construido varias experiencias concretas: resumir mensajes largos y leerlos en voz alta, traducir conversaciones en directo o capturar el contenido de una pizarra o una reunión para organizarlo automáticamente en Samsung Notes.

También permiten pedir indicaciones basadas en la ubicación del usuario sin sacar el móvil, y compartir en directo lo que se está viendo durante una llamada, grabando desde el propio punto de vista de quien lleva las gafas.

Una de las funciones más interesantes, el control por gestos, tiene un matiz importante: de momento solo está disponible a través del Galaxy Watch9, lo que confirma hasta qué punto Samsung plantea estas gafas como una pieza más de un ecosistema, no como un dispositivo aislado. Sin el reloj conectado, la interacción se queda en voz y en los controles táctiles de la propia montura.

Menos pantalla, más atención al momento

Lo que distingue este planteamiento de otros wearables es precisamente lo que no hacen las gafas: no buscan sustituir la pantalla del móvil ni convertirse en un visor de realidad mixta.

Apuestan por resolver tareas puntuales, como leer un mensaje o entender una señal en otro idioma, sin que el usuario tenga que interrumpir lo que está haciendo para mirar un teléfono. Es una apuesta más modesta que la de unas gafas de realidad aumentada al uso, pero también más fácil de encajar en el día a día de alguien que no quiere ir por la calle con un casco en la cara.

Con esta colaboración, Samsung no está intentando ganar la carrera de las gafas más potentes, sino la de las que de verdad se lleguen a poner cada mañana. Y para eso, haber empezado por el diseño en lugar de por el chip puede acabar siendo la decisión más acertada de todo el proyecto.

Imágenes | Samsung, Xataka

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