Cómo la ausencia de tarifa plana puede destrozar la experiencia web

Navegando por el universo de la web me encontré en GigaOm uno de esos artículos en los que te sientes representados. Seguramente la mayoría no lo haga, ya que en España, por suerte, tenemos una postura extraordinariamente crítica contra la eliminación de las tarifas planas, tema del que ya hemos hablado en más de una ocasión, especialmente a raíz de la decisión de AT&T de cerrar el grifo.

Si no recuerdo mal, en la propuesta de la gran teleco norteamericana, más grande todavía después de absorber T-Mobile, garantizaba unos 150 GB mensuales en su paquete básico, algo “más que suficiente” ya que la media de los usuarios apenas llegan 20. ¿En serio? Lo dudo.

150 GB al mes, ¿más que suficiente?

El texto en cuestión sugiere, según su experiencia personal, que cada uno de nosotros puede llegar a convertirse en un policía de su propia red cuando tenemos que estar mirando de refilón el consumo de datos. Al pobre Mathew Ingram se le escapó un familiar con el Bit Torrent encendido por error y sin darse cuenta entre subida y bajada había superado los 90 Gb.

Puede parecer una cantidad muy elevada y provocada por un error, algo que no debería perjudicar a los usuarios habituales, pero para contrastar con su opinión ofreceré la que yo mismo he tenido con Plus Net, una compañía británica que presume de tener los precios más bajos (lo cual es cierto) a cambio de limitar la transferencia de datos para determinados contenidos en determinadas franjas horarias y, sobre todo, por establecernos un techo máximo de 30 o 60 gigas.

En principio, de acuerdo con lo que cuenta AT&T, esa cantidad no debería dar problemas a un domicilio con 3 ordenadores, donde prácticamente nadie descarga vía P2P y los usos habituales son escuchar navegar, ver algún vídeo puntual, escuchar música y llamar por Skype. Nada de jugar online ni contenido en alta definición. ¿Qué podría pasar?

Pues nada bueno. Que de media superamos con tranquilidad los 3 GB diarios, los cuales suman unos 90 mensuales, de modo que nos han limitado la descarga a unos desconcertantes 500 kbps respecto a los 8 Mbps que teníamos. La cuestión es que hoy en día utilizamos Internet de forma regular a veces sin ser del todo conscientes.

Habitualmente pensamos que 90 GB serían el equivalente a no sé cuantas descargas, pero no tenemos en cuenta que con sólo encender el ordenador tendremos unas cuantas aplicaciones buscando actualizaciones, en ocasiones un programa que nos notifique los nuevos correos, lo que chateamos por la mensajería instantánea, las millones de fotos que vemos en las redes sociales o la música que escuchamos en Spotify (que se nota y mucho, es lo que infla el consumo P2P).

Ahora podemos añadir a la lista alguna conversación VoIP, no demasiado larga y quizás ver algún canal de televisión online de forma ocasional. Bien, llegados a este punto multipliquemos ese consumo por tres, que son los habitantes en la misma casa y obtendremos la siguiente tabla y, por lo tanto, tener que cambiar de compañía.

Soy plenamente consciente de que hay clientes que hacen un menor uso de Internet, pero también es evidente que muchos lo hacen mucho más, incluso sin contar con descargas ilegales. No todas las familias se limitan a tres ordenadores, los dispositivos que se conectan a la red cada vez son más y no es de extrañar que pronto a las videoconsolas se unan los televisores (que ya lo están haciendo) o las neveras (por fantasear).

Sin embargo, el gran problema no es que tengamos una gran cantidad de aparatos conectados, sino el yugo que puede provocar este tipo de limitación al desarrollo de nuevas aplicaciones online. Es realmente engorroso no poder disfrutar de Spotify con toda la comodidad del mundo, o tener que rechazar la opción de ver la BBC vía BBC iPlayer porque el consumo se dispara. No se me ocurre pensar que ocurrirá en apenas un par de años cuando la explosión del streaming invada la navegación o Google Chrome OS (todo en la nube) llegue al mercado.

Sí, para muchos serán “más que suficientes” los 20 GB, pero en nuestro caso hemos tenido que contratar una tarifa plana “de toda la vida”. Que nos permitan elegir entre una opción u otra es beneficioso para aquellos que no quieren pagar por un consumo que no realizan, pero ahora tiene sentido que AT&T incluya una segunda opción de 250 GB a cambio de pagar un poco más o una penalización de 10 dólares por cada 50 GB de más. Tontos no son. Me temo que si seguimos por este camino eso de “la nube” está mas cerca del cielo que de nosotros, los terrenales.

Foto | DSL Reports

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