Qué ocurre realmente cuando alguien corta un cable submarino de Internet

Cables Submarinos Cortes
  • Cada año se registran entre 150 y 200 cortes en los cables submarinos de Internet, pero el tráfico apenas se resiente

  • El peligro no son las roturas, sino los sabotajes y la escasez de buques especializados en reparaciones

Editor

Sí, hemos repetido muchas veces que el ecosistema digital de Internet descansa sobre una infraestructura bastante frágil. Y que cerca del 97% del tráfico de datos viaja a través de cables de fibra óptica depositados en el fondo marino. Pues bien, aunque solemos imaginarlas como unos conductos vigilados y protegidos, la realidad es que sufren entre 150 y 200 cortes cada año.

A pesar de estos inconvenientes, rara vez experimentamos en casa un apagón masivo. Un ejemplo paradigmático sucedió en el Mar Rojo a principios de 2024, cuando un carguero seccionó tres cables relevantes sin que el tráfico sufriera alteraciones perceptibles. Sin embargo, todo tiene un límite, y el de los cables implica desplegar un entramado de protocolos, rutas de emergencia y lo más importante: hay una falta importante de recursos para arreglarlos en alta mar.

50 milisegundos y la redundancia

La resiliencia de Internet no consiste en evitar que los cables se corten, eso queda claro. Reside en tener rutas alternativas preparadas y costeadas de antemano, así se puede decir que el mecanismo de defensa es automático y no requiere intervención humana.

En el momento en que se produce un corte, los equipos ópticos situados en los extremos del cable detectan la ausencia de los pulsos de luz. Esto marca el inicio de un protocolo de conmutación de protección, que lo que consigue es desviar el tráfico hacia una ruta de respaldo que esté operativo en menos de 50 milisegundos.

Suena un poco a ciencia ficción, ¿verdad? Pues la eficacia de este sistema de redundancia quedó demostrada no hace mucho en el Mar Báltico. En noviembre de 2024, se rompieron —casi simultáneamente— dos cables: el BCS East-West y el C-Lion1. ¿Consecuencias? Apenas tuvieron un impacto visible como podemos ver en las gráficas de tráfico de Cloudflare en los países afectados. Gracias a esta vasta red de conexiones, tanto submarinas como terrestres, la región europea no sufrió ningún tipo de interrupción. No obstante, la redundancia solo funciona si realmente existe capacidad para absorber el impacto. 

Hay casos en los que esto no ocurre: el Comité Conjunto de Estrategia de Seguridad Nacional del Reino Unido afirma que, aunque un país puede tener muchas conexiones (en su caso cuentan con 64 cables, 50 activos), estas suelen agruparse en puntos críticos. Si se diese un ataque que inhabilitara varios cables en estas zonas, el sistema de desvío colapsaría, provocando fallos en los DNS, y paralizando las comunicaciones y el sector financiero.

Cuello de botella y amenaza geopolítica

El mayor problema ocurre no cuando los datos se desvían a otros nodos, sino cuando hay que repararlos físicamente

El proceso exige varios pasos:

  1. Localizar la rotura..
  2. Enviar un barco especializado.
  3. Arrastrar un garfio por el lecho marino para recuperar los extremos.
  4. Realizar un empalme milimétrico de las fibra de video en una sala limpia a bordo de una embarcación.

Claro está, esto ocupa mucho tiempo: restablecer un cable suele tomar de dos a seis semanas, un tiempo que se agrava por la escasez de recursos. Existen apenas 60 buques cableros en el mundo y solo unos 20 se dedican a labores de reparación. Y por si fuese poco, la flota envejece muy rápido: el CS Sovereign fue construído en 1991 y se retirará previsiblemente en 2030.

A la dificultad de la logística se le suma un componente humano: la geopolítica. Tenemos precedentes ocurridos en el Estrecho de Taiwán, donde buques de bandera china provocaron cortes en los cables que abastecen a las Islas Matsu, evidenciando un patrón diseñado para aislar las comunicaciones con una excusa de "negabilidad plausible". ¿Resultado? Taiwán puede sufrir desconexiones de hasta ocho semanas por este motivo y depende de barcos extranjeros para reparar los cables.

Ante este delicado escenario, la conectividad del mundo sobrevive gracias a una compleja infraestructura: un delicado equilibrio de rutas sobredimensionadas, redes de malla que actúan como salvavidas y, sobre todo, el trabajo incesante de unas pocas docenas de barcos. No porque el cableado sea resistente al estar en el lecho marino, ni porque sea fácil dar respuesta a esas agresiones desde lo jurídico, todo lo contrario.

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