
Antes de llegar a los cables de fibra óptica tenemos hasta siete capas protectoras
Los cables submarinos están expuestos a múltiples amenazas, desde tiburones hasta sabotajes o barcos
No los vemos, pero son los responsables de que la conexión llegue a nuestro hogar. En las profundidades marinas descansa una espectacular infraestructura de cables submarinos encargados de llevar internet a lo largo y ancho del planeta.
Más allá de meros conductores de fibra óptica, su importancia en nuestros días es tal que incluso se han convertido en una potente arma geopolítica. Y aunque cada vez se habla más sobre ellos, es normal desconocer lo más básico: desde cómo se anclan al fondo del mar hasta la dificultad de su reparación, hoy vamos al origen de todo para explicar cómo es por dentro un cable submarino.
Un revestimiento a prueba de tiburones
Los cables submarinos se encuentran expuestos a múltiples amenazas, desde los propios barcos que accidentalmente pueden dañarlos hasta sabotajes e incluso las criaturas que tienen los mares y océanos como su hogar. Deben saber defenderse ante posibles mordeduras de tiburones, pero también de cualquier otro tipo de accidente derivado de la propia geografía del terreno en el que se encuentran.
Las reparaciones son carísimas y muy complicadas, además de los perjuicios que puede causar la rotura de este cableado. Por eso, cuentan con una buena capa protectora para evitar que se dañen.
Los cables son casi tan gruesos como un brazo y en su interior, antes de llegar a los hilos de fibra óptica, hay una sucesión de capas que funcionan como paraguas contra las amenazas exteriores. La primera, la que hace de escudo externo está formada por polietileno. Bajo él encontramos cinta de tereftalato de polietileno, con una gran resistencia a la tracción y aislamiento eléctrico, y a continuación aparecen cables trenzados de acero para darle dureza al conjunto.
Adentrándonos cada vez más en el interior de estos cables submarinos encontramos una barrera contra el agua formada por aluminio y luego otra capa de policarbonato, un tubo de aluminio o cobre y de nuevo otro protector acuático a base de vaselina.
Un corazón de fibra óptica
Tras todo este armazón llegamos al verdadero corazón de los cables submarinos: los hilos de fibra óptica. Según la capacidad de transmisión del cable pueden encontrarse más o menos hilos. Por ejemplo, la colosal obra de Meta que se espera que culmine en 2029, el cable submarino Petal, contará con 96 hilos y una velocidad de 1 petabit.
Este diseño puede ser ligeramente diferente según la empresa que lo fabrique, pero en términos generales la estructura es bastante similar y el objetivo es compartido: proteger estos cables de todas las amenazas que habitan en el mundo submarino.
Imágenes | What’s Inside (YouTube) vía Xataka | Oona Räisänen via Wikimedia Commons
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