Controlando la dependencia al móvil: reducir notificaciones e interrupciones

Hace unos meses hablamos del efecto de las notificaciones push en nuestra capacidad de atención, y si bien lo hacíamos en base a un estudio con una muestra reducida en comparación con la gran masa de usuarios de móviles, ya veíamos que sí había cierto efecto de distracción. Cuando la comodidad y el entretenimiento andan por medio, hay una delgada línea entre el buen uso y el abuso. ¿Nos pasamos con las notificaciones?

Está claro que el desarrollar una dependencia por el teléfono móvil (algo de lo que hablamos hace unas semanas y que se empieza a denominar FoMO) depende en primera instancia de la persona. Pero lo cierto es que las notificaciones han pasado a ocupar con frecuencia un lugar más alto en la lista de prioridades de nuestra atención y a veces tiene repercusión en los ámbitos social y laboral.

El primer paso: decir que no

No se trata de una terapia de desintoxicación (no al menos en todos los casos), pero esta sentencia tan habitual cuando se trata de dejar adicciones sirve como primera consideración a la hora de afrontar un posible abuso de las notificaciones. Más allá de las apps de mensajería, correo y en las que se nos pueda aludir o mencionar (como en redes sociales), la gran mayoría incorporan notificaciones y éstas suelen venir activadas por defecto o bien lo preguntan al abrirla por primera vez.

Es tan fácil como indicar “no” en dicho pop-up o en el caso de Android desactivar la casilla de verificación que vendrá activada por defecto (dentro de los ajustes de cada app o desde el menú de configuración) si estamos seguros de no querer recibir las notificaciones de esa app en un futuro. O bien hacerlo y activar a posteriori sólo las que nos interesan (por ejemplo, por localización, sólo ciertos avisos, etc.), de modo que evitaremos ya desde un principio parte del problema.

Si desde un principio somos más bien estrictos a la hora de dejar las notificaciones activadas ya actuamos en prevención a que surja un problema de dependencia

Algo que facilita este primer paso es el establecer unas prioridades una vez se disciernen los distintos usos que existen y que se hacen del móvil. Si desde un principio somos más bien estrictos a la hora de dejar las notificaciones activadas ya actuamos en prevención a que surja un problema de dependencia, aunque puede que prefiramos empezar a serlo si detectamos que empezamos a tener dicho problema. Basta con activar sólo las que necesitemos a nivel laboral y las imprescindibles para comunicarnos, y dejar a un lado entretenimiento y redes sociales.

There's an app against other apps

Si la voluntad no es uno de nuestros fuertes y aun conscientes del problema no podemos evitar revisar el móvil con frecuencia, quizás “la enfermedad” pueda convertirse en el remedio. Así, hay apps que pueden ayudarnos a medir el tiempo que pasamos mirando al móvil (y a qué apps en concreto) y a reducirlo de distintos modos.

Un ejemplo es Flipd, app gratuita que probaron nuestros compañeros de Xataka Android que recurre directamente al bloqueo del terminal durante un periodo de tiempo con tal de que no lo usemos. Resulta muy efectiva para la deshabituación cuando nosotros mismos nos boicoteamos en nuestro objetivo.

Otras apps son menos directas y lo que hacen es mostrarnos en qué medida pasamos tiempo de cara a la pantalla. Ejemplo de ello es Quality Time, una app gratuita disponible también para Android que nos indica cuánto tiempo pasamos usando cada app, bien en un eje cronológico de nuestro día a modo de timeline o en detalle por fracción de tiempo o app. Pueden configurarse alertas para que nos avise al sobrepasar el tiempo por app y establecer límites del uso.

Checky está disponible para iOS y Android y se trata de un contador de veces que consultamos el móvil. Requiere localizador (para mostrar las veces que lo consultamos en un mapa) y podemos establecer un resumen de las veces que hemos consultado el móvil a las 00:00 horas. Por otro lado, tenemos Forest, app multiplataforma por 0,99 euros que convierte la deshabituación al móvil en la creación de un bosque virtual, de modo que nuestra inactividad es su crecimiento y conservación.

Más notificaciones y más horas de pantalla

Desde que el uso del smartphone se extendiese hemos visto numerosos estudios que han buscado demostrar que existe este problema a escala mundial, como es el caso del artículo que publicaba la BBC en relación al problema en el continente asiático. Además de recurrir a un estudio coreano realizado a 1.000 estudiantes que concluía que un 25% presentaba problemas de adicción, se habla de la subcultura kentai en referencia a la costumbre (casi obligatoria) de compartir una foto de la comida cada vez y acciones similares.

Casi 5 horas y media pasaban los estudiantes de la estadística surcoreana, casi el doble de las que se hace referencia en este artículo de New York Post en relación a la adicción en Estados Unidos. Aunque en este caso hablan de que el aumento del tiempo de uso año a año ha ido a la baja desde que en 2013 se experimentase un aumento del 53%. Para 2016 se espera un aumento del 7,9%, menor que el esperado para 2015 (11%).

Pero, ¿existe la adicción como tal?

Obviamente el uso de los móviles ha influido en nuestro ambiente y en los eventos sociales, desde una reunión hasta el salir a tomar algo, y no son pocos los que han renunciado a poseer un smartphone a consecuencia de ello. Pero hablar de adicción de manera genérica ya tiene ciertas implicaciones que convendría aclarar antes de determinar que existe tal o que alguien la padece.

Según Slate se empezó a hablar de adición a partir de 2012, cuando las búsquedas en Google sobre "adicción al smartphone" se dispararon

Segun Slate se empezó a hablar de adición a partir de 2012, cuando las búsquedas en Google sobre "adicción al smartphone" se dispararon, con el matiz de que en un inicio la idea partiese más bien del boca a boca y no de conclusiones de médicos y profesionales de la salud. Es por ello que expongan que hubo un proceso de "medicalización" de la adicción al smartphone a partir de estudios académicos de poco peso y fomentado con la aparición de neologismos como ringxiety (fusionando "ansiedad" en inglés con el sonido del teléfono) o phubbing (uniendo teléfono en ingles con snub, desprecio).

Haciendo referencia a las implicaciones que tiene el hablar de adicción, en este medio exponen que elevar este abuso a un problema psicológico pudo haber sido motivado para tener hacer de ello una "excusa argumentada", cuando simplemente se trata del efecto de "novedad" al disponer de una herramienta tan completa. Una idea que expone el profesor John Laprise de la Universidad de Qatar, de las pocas voces en contra del enfoque patológico de la adicción que según la publicación existen.

La idea que sostienen es que los fenómenos que vemos en relación a esto como la falta de educación son consecuencias transitorias de la adaptación, pero que está lejos de ser un problema de adicción como la ludopatía o el alcoholismo. Exponen que si sigue esta "medicalización" sin base será cuestión de tiempo que se empiecen a recetar tratamientos farmacológicos como benzodiacepinas u otros ansiolíticos.

El problema y la solución están en nuestra mano

Se trate de un problema médico o no, lo que es un hecho es que las notificaciones forman parte de nuestra vida y, en consecuencia, de todos los ámbitos. La normalización del smartphone puede haber conllevado a que haya habido cierto descuido en relación a la educación y el civismo y que esa relajación haga que lo habitual incluso en sitios como una biblioteca o un teatro sea normal oír tonos de mails y demás.

Bien sea por educación y respeto o por nuestra propia tranquilidad, no está demás revisar de vez en cuando qué notificaciones tenemos activadas para hacer algo de criba y echar mano de los sistemas de prioridad que en algunos casos tenemos disponibles incluso de fábrica en el software de nuestro teléfono. La batería de nuestro terminal también lo agradecerá debido al ahorro proveniente de encender menos la pantalla así como de ahorrarse sonidos y vibraciones.

Imagen | Freepik
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