Me da igual el Fomo: me estoy borrando de casi todas mis redes sociales y no hay marcha atrás

  • Entre mis amigos ‘millenials’ se está instaurando una nueva moda: borrarse las redes sociales

  • Tengo claro algo: no vuelvo a abrirme cuenta en ninguna red social nueva

Noelia Hontoria

Editora

Los ‘millenials’ somos la última generación que vivió la vida antes de Internet. Tenemos recuerdos de las llamadas al teléfono fijo y las cabinas telefónicas a pie de calle, pero también descubrimos qué eran las redes sociales cuando empezaron a llegar las primeras, coincidiendo con nuestra adolescencia.

Reconozco que por aquella época me apuntaba a un bombardeo: tuve cuenta en Fotolog, en Tuenti y por supuesto viví las gloriosas tardes de Messenger. Pero el punto de saturación al que hemos llegado es tal que a día de hoy tengo claro que quiero deshacer el camino: no solo es que busque eliminar las cuentas de las plataformas en las que estoy presente, es que, además, no quiero caer en la tentación de abrir ninguna más. Y no soy la única.

Vivir en tiempos de Fotolog. La primera red social que recuerdo fue Fotolog. Su premisa, en cierto modo, me recuerda un poco a la que propone actualmente BeReal: una única foto por día. No había ediciones, no había postureo, simplemente las ganas de compartir lo que nos rondaba la cabeza de una forma sencilla y enfocado sobre todo a nuestros amigos. Nadie pretendía ser influencer ni vender una vida que no se ajustara a la realidad. Éramos mucho más transparentes.

En mi caso, que siempre fui muy de darle a la tecla, la parte que más me importaba de Fotolog, más allá de las fotografías, era el espacio para dejar plasmadas mis ideas y escribir aquello que le quisiera contar al mundo. Un mundo en el que los desconocidos no entraban a comentar o lanzar ‘hate’ y el ‘feedback’ que recibíamos era directamente de nuestros amigos.

El punto dulce. Tras Fotolog y otros tantos servicios similares, llegó Tuenti para fijar recuerdos de nuestra adolescencia. Al igual que con el resto, también me di de alta en esta red social en cuanto la descubrí. Comenzó el ‘stalkeo’ y, aunque la inocencia fue la clave de su primera etapa, se fue enrareciendo.

Facebook le quitó la corona y, tras ella, Instagram, Twitter y hasta el mismísimo TikTok. Parecía un negocio redondo, el punto al que todos nos queríamos dirigir, un cambio social ¿sin vuelta atrás?

No quiero bolsa, gracias. Desde luego que las redes sociales nos han cambiado. Han modificado nuestra manera de relacionarnos, comunicarnos e incluso expresarnos, creando códigos propios y otros tantos problemas de salud mental. La lista no para de crecer y desde Threads hasta BlueSky, soy consciente de que hemos llegado a un punto importante de saturación.

En mi entorno, cada vez más amigos están cerrando sus cuentas en las redes sociales que antes utilizaban a diario, porque sencillamente se han dado cuenta de todo el tiempo que les está robando.

En mi caso, tengo claro que voy a tomar un camino similar. Lo tengo algo más complicado en el sentido de que alguna de ellas la utilizo como herramienta profesional y es un vértice que no quiero perder (al menos, no todavía). Pero poco a poco estoy cerrando cuentas de aquellas que no me aportan nada más allá de calmar el hambre del fomo. Sea como sea, lo que tengo clarísimo y de ese burro no me bajo es que no voy a abrir ninguna cuenta más de lo nuevo que esté por llegar. El grifo se cierra aquí.

El Fomo. Llegados a este punto, aquellos que fuimos ‘early adopters’ de las redes sociales y que estamos empezando a abandonarlas tenemos que lidiar con una fuerza superior: el fomo. ‘Fear of missing out’, es decir, el miedo a perdernos algo, nos lleva a muchos de nosotros a mantener nuestras sesiones abiertas y echarles un ojito de vez en cuando, “para ver qué está pasando”.

Tomar la decisión de dar de baja una cuenta de una determinada red social que lleva años activa es más complicado de lo que parece. Implica una decisión madurada, un cambio de propósitos y una intención evidente de restarle presencia a lo digital para reconectar con lo personal.

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