Un ingeniero le acaba de dar una idea a los lugares sin cobertura: todo lo que hace falta es un teléfono... de los de antes

Vermont, con sus montañas que bloquean la señal, se ha convertido así en el escenario perfecto para el renacimiento de un icono olvidado

Miguel Jorge

Editor

Normalmente, vivimos en áreas donde la conexión móvil no es un gran problema. Pero eso no ocurre siempre. Cuando acudimos a zonas más aisladas o remotas comienzan los problemas de la temida falta de señal y cobertura. Y aunque hay algunos trucos para solventar ciertos casos, lo normal es que simplemente dejemos de estar comunicados a través del móvil.

Eso es precisamente lo que acaba de solucionar un ingeniero.

El regreso del teléfono original. Sí, en las zonas rurales de Vermont, donde la cobertura móvil puede desaparecer durante kilómetros, un ingeniero eléctrico llamado Patrick Schlott ha resucitado una tecnología que parecía condenada al olvido: los teléfonos públicos. Ingeniero de BETA Technologies, empresa dedicada a la aviación eléctrica, Schlott descubrió que su afición por restaurar aparatos antiguos podía transformarse en un servicio comunitario.

Tras convencer a los dueños de una tienda local en North Tunbridge de que instalar un teléfono no tendría ningún coste para ellos, montó su primera cabina gratuita en la entrada. Desde entonces, otros vecinos han solicitado el servicio y ya existen instalaciones en la biblioteca de Thetford y en un puesto de información de Randolph, junto a la autopista interestatal 89.

Lo retro como recurso vital. Schlott adquiere los viejos teléfonos en mercadillos, subastas o internet, por precios que oscilan entre 100 y 500 dólares, y los repara en su taller casero. Gracias a un adaptador que convierte la señal de internet en línea analógica, los aparatos funcionan como lo hacían hace décadas, pero sin necesidad de monedas.

Los costes mensuales, que rondan apenas unos dólares por línea y llamadas, los cubre de su propio bolsillo. Además, actúa como operador: si alguien marca cero, la llamada se redirige a su móvil personal, lo que permite asistencia inmediata en caso de incidencias. La instalación más utilizada, en la biblioteca de Thetford, ya acumula cientos de llamadas en apenas cinco meses, sobre todo de estudiantes que llaman a sus padres para coordinar recogidas tras la escuela.

Impacto comunitario. Contaban en AP que para residentes como Hannah McClain, madre de dos adolescentes, la presencia de un teléfono público ofrece tranquilidad. Saber que sus hijas pueden acceder a un punto seguro de comunicación en caso de emergencia compensa las carencias de la cobertura móvil en la región.

Incluso conductores con averías también han recurrido a estas cabinas improvisadas, que reafirman la utilidad de un servicio aparentemente obsoleto. Lo que comenzó como un experimento se ha transformado en un elemento de seguridad pública y cohesión comunitaria, con nuevas instalaciones previstas, como la del Brownell Library en Essex.

Nostalgia con propósito. La propuesta de Schlott combina nostalgia tecnológica con pragmatismo social. Los teléfonos restaurados no solo evocan un pasado analógico, sino que cumplen una función concreta allí donde los móviles fracasan. Con su timbre metálico y el simple gesto de levantar el auricular, estas cabinas devuelven una sensación de solidez y confianza que muchos habían olvidado.

Para el ingeniero, reciclarlos y devolverles la vida es una forma de evitar que acaben en vertederos, pero sobre todo de recordar que, incluso en plena era digital, la comunicación esencial debe ser accesible para todos. Vermont, con sus montañas que bloquean la señal, se ha convertido así en el escenario perfecto para el renacimiento de un icono olvidado.

Imagen | PXHere

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