Deberíamos volver a lecturas más "vintage", como el etiquetado de los champús
Los más jóvenes no lo sabrán, pero hubo un tiempo donde la humanidad utilizaba las etiquetas de los champús y los geles como lectura “de cabecera” cuando acudían al baño. Aquellos tiempos ahora parecen jurásicos, pero tenían una diferencia notable con los de ahora. Los ingredientes del champú son finitos, y el scroll de tu pantalla de móvil todo lo contrario.
Ahora la ciencia tiene una advertencia.
El hábito moderno. Sí, un gesto cotidiano y aparentemente inofensivo, como llevar el móvil al baño, podría tener consecuencias médicas inesperadas. Una investigación reciente dirigida por la gastroenteróloga Trisha Pasricha, del Beth Israel Deaconess Medical Center de Boston, ha encontrado que el uso del teléfono mientras estás sentado en el inodoro incrementa hasta un 46% el riesgo de padecer hemorroides, una dolencia frecuente, pero a menudo mal diagnosticada que afecta al sistema venoso del recto y el ano.
Estudio con pacientes. El trabajo se realizó con 125 personas mayores de 45 años, todas programadas para someterse a una colonoscopia. Antes del procedimiento, los participantes respondieron cuestionarios sobre hábitos de salud, actividad física y costumbres en el baño.
Posteriormente, las imágenes obtenidas de las colonoscopias fueron revisadas para confirmar la presencia de hemorroides. El hallazgo fue claro: dos tercios de los pacientes reconocieron usar el móvil en el retrete, y entre ellos la probabilidad de pasar más de cinco minutos en esa posición se multiplicaba por cinco en comparación con quienes no usaban dispositivos.
El tiempo sentado, clave. Aunque tradicionalmente se ha vinculado la aparición de hemorroides con el esfuerzo o el estreñimiento, la evidencia científica en ese sentido resulta débil. De hecho, en este estudio no se halló asociación significativa entre el esfuerzo al defecar y el desarrollo de hemorroides, mientras que sí emergió un patrón sólido entre la duración de la estancia en el baño y el aumento de riesgo.
Los investigadores especulan que la causa se relaciona con la anatomía del suelo pélvico: al permanecer sentado en el inodoro, los músculos que sostienen la zona rectal tienen menos apoyo que en una silla, lo que genera una presión pasiva sobre los cojines hemorroidales y favorece su congestión.
Percepción equivocada y normalización. Un dato llamativo es que la mayoría de los encuestados no reconocía que usar el móvil prolongara su permanencia en el baño, cuando objetivamente era así. De hecho, solo un 5% admitía que el dispositivo les hacía pasar más tiempo de lo normal.
Qué duda cabe, la percepción subjetiva no coincide con la realidad, probablemente porque las aplicaciones y el diseño de los teléfonos con ese scroll infinito instaurado están pensados para atrapar la atención y hacer perder la noción del tiempo. Los investigadores creen que, si este mismo estudio se realizara en poblaciones más jóvenes, como estudiantes universitarios, el porcentaje de usuarios de móvil en el retrete sería aún mayor.
Consecuencias médicas y más. Especialistas como Lucinda Harris, de la Clínica Mayo en Arizona, consideran plausible la hipótesis del estudio. Comparan el efecto con el embarazo, donde la presión sostenida en la región pélvica también aumenta el riesgo de hemorroides.
El simple hecho de prolongar la posición en el inodoro puede ser suficiente para generar un cuadro clínico, independientemente de la dieta o del esfuerzo. El problema añadido es que las hemorroides son difíciles de identificar: pueden ser internas e indoloras, confundirse con otras molestias o no ser detectadas sin exploración médica.
Un fenómeno global. Dado el uso masivo de móviles en todo el mundo, los investigadores apuntan a que este hábito podría estar influyendo en la incidencia global de hemorroides, aunque no hay datos concluyentes debido a la dificultad de diagnóstico y a la interacción con otros factores como la dieta.
Lo que sí parece meridianamente claro es que la combinación de tecnología adictiva y la costumbre de llevarla al baño está alterando una práctica fisiológica básica, con un coste potencial para la salud.
La recomendación. La conclusión de Pasricha y su equipo es simple: lo ideal sería dejar el móvil fuera del baño. En cambio, materiales de lectura tradicionales, como periódicos o revistas (o las más vintage como las etiquetas de champú), no suponen el mismo riesgo porque no están diseñados para retener la atención indefinidamente.
En sus palabras, “lean algo que no esté pensado para ser adictivo y hacerles perder la noción del tiempo, como el Financial Times”. La clave, en última instancia, está en reducir el tiempo en el inodoro y devolver esta rutina a su función original, evitando que se convierta en una prolongada sesión de navegación digital.
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