El escándalo en Suiza reabre el debate sobre la vulnerabilidad de los mayores
Repasamos las estafas más comunes que amenazan a nuestros mayores en España
Una visita rutinaria para solucionar un problema técnico se convirtió en una trampa para una mujer de 92 años en Berna. Según revelan investigaciones de medios suizos como 20 Minuten y el programa Kassensturz, la persona en cuestión acudió a una tienda de la operadora Salt buscando asistencia para su teléfono y salió de allí con cinco suscripciones, cuatro smartphones nuevos y cinco altavoces.
El vendedor que se aprovechó de su confianza y confusión, le aseguró que todo formaba parte de una sola factura, ocultando que en realidad estaba firmando contratos con un coste mensual superior a los 200 euros y una permanencia de dos años.
Codicia por el sueldo. La magnitud del escándalo crece al conocer que no fue un hecho aislado, sino sistémico. Un exempleado de la misma cadena confesó a 20 Minuten que la presión por las comisiones empuja a estas prácticas: "Quien vende más, gana más. Algunos se volvieron codiciosos por conseguir salarios de hasta 9.500 francos".
Por tanto, el modus operandi se repetía: en la misma tienda, un hombre de 83 años con demencia salió con cinco contratos y cinco móviles más, y a una mujer de 87 años que apenas hablaba alemán le endosaron tres altavoces innecesarios. Cuando las familias intentaron anular los contratos, la compañía exigió penalizaciones de hasta 4.200 francos (unos 4.500 euros). Solo cedió tras la intervención del defensor del pueblo y la prensa.
Un recordatorio. Aunque este caso extremo ha ocurrido en Suiza, en España nuestros mayores también han enfrentado situaciones similares, a menudo incluso sin salir de casa. La estafa del botón rojo es un clásico recurrente: delincuentes llaman haciéndose pasar por el servicio de teleasistencia para pedir datos bancarios bajo la excusa de un falso cobro.
También son comunes las llamadas intimidatorias sobre supuestas deudas importantes o técnicos falsos que intentan entrar a los domicilios con la premisa de revisar el router, como alertó hace tiempo el propio Gobierno de Navarra.
Protocolo de protección. Para evitar que una duda técnica acabe en una factura de miles de euros, es importante que la familia esté ahí para actuar como cortafuegos. Lo más efectivo es instalar en sus móviles apps de asistencia remota (como TeamViewer), que permiten solucionar problemas de configuración a distancia.
Además, los expertos que comentan el caso de Suiza, recomiendan inculcar la regla de las 24 horas: nunca firmar nada en el momento. La instrucción debe ser clara: pedir la oferta por escrito, llevarla a casa y consultarla con la familia. Si a esto sumamos figurar como autorizados en su compañía telefónica, podemos bloquear cambios de tarifa o contrataciones que no hayan sido verificadas previamente.
Tecnología como escudo y no trampa. Para proteger a nuestros familiares, la solución no es aislarlos de la tecnología, sino adaptarla. Herramientas sencillas como configurar un altavoz para llamar por voz o usar pulseras de actividad básicas pueden darles seguridad sin exponerlos a factores ajenos.
Por si fuera poco, diversos estudios confirman que el uso guiado de smartphones e Internet ayudan a retrasar el deterioro cognitivo. La clave está en el acompañamiento: la brecha digital no se cierra solo con dispositivos (de hecho, puede ampliarse), sino con paciencia y supervisión para detectar a tiempo posibles dificultades.
Imagen de portada | sabinevanerp para Pixabay
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