Vuelven los inhibidores de frecuencia a la Selectividad: una desesperada medida para frenar el "copia y pegar" con IA

  • El uso de audífonos y cámaras camufladas en gafas ha forzado a las universidades a endurecer las sanciones y la vigilancia

  • Ser descubierto con uno de estos dispositivos implica la anulación inmediata y completa de toda la prueba

Editor

Las alarmas han saltado en los rectorados de España ante la sofisticación de las trampas en las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU). Las chuletas en papel han dado paso a dispositivos difícil de detectar a simple vista que se esconden en el canal auditivo y se apoyan en IA para resolver cualquier pregunta. Ante esta amenaza, cuatro comunidades autónomas han decidido usar detectores de frecuencia para blindar la próxima convocatoria.

Mientras tanto, otras ocho regiones estudian sumarse a una medida de emergencia que busca preservar la igualdad de oportunidades y la credibilidad del sistema educativo.

Cazar dispositivos invisibles. Esa es la misión del rastreo de frecuencias que se llevará a cabo en regiones como Galicia, Murciao Cataluña. Valorados en unos 2.000 euros, estos aparatos recorrerán las aulas para localizar cualquier transmisión de datos: proveniente de "nanopinganillos" o gafas inteligentes. Esta ofensiva no es exclusiva de nuestro país; ante la misma amenaza, China ya ha decidido restringir los móviles y apagar funciones de IA durante su importante examen de acceso a la universidad, denominado como gaokao.

La IA es la chuleta definitiva. El temor de los tribunales no es solo el dispositivo, sino quién dicta las respuestas desde fuera. Los modelos de lenguaje actuales pueden procesar y resolver problemas complejos de forma casi instantánea. Si tenemos en cuenta que la IA actual es capaz de obtener buenos resultados en exámenes médicos tan exigentes como el MIR, resulta evidente que un alumno conectado juega con una ventaja abrumadora e injusta frente a sus compañeros.

Cambios en la evaluación. Ante estas chuletas tecnológicas, el sistema se está viendo obligado a reaccionar. Muchos profesores libran una lucha diaria para reinventar sus asignaturas, optando por explotar las debilidades de la IA y traer de vuelta las pruebas orales o presenciales a bolígrafo. A nivel institucional, en pruebas como las oposiciones, ya sabemos que el cerco es aún más físico: se preparan inspecciones detalladas para verificar la ausencia de componentes electrónicos en monturas de gafas.

Riesgo cognitivo. Más allá de la trampa académica, el abuso de estas tecnologías plantea un problema de fondo sobre la calidad del aprendizaje. La psicología advierte de una preocupante erosión de nuestras capacidades analíticas. El uso de la IA como atajo para no esforzarse se traduce en una debilitación de nuestra capacidad de pensar y perseverar por la falta de entrenamiento.

Consecuencias. Volviendo a la PAU: las normas que respaldan el uso de detectores son rotundas. Ser sorprendido con un dispositivo oculto, aunque no se esté utilizando, conlleva una sanción ejemplar. En comunidades como Murcia o Galicia, esto supone la anulación completa de toda la Selectividad (cero absoluto en la convocatoria), una medida disuasoria para que los alumnos se lo piensen dos veces antes de jugarse su futuro universitario.

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