IRC-Hispano para muchos fue su primer WhatsApp, incluso su primer Tinder
Había salas por temáticas y ciudades, incluso, juegos como el Trivial con un bot que actuaba como presentador
Acabábamos de estrenar el milenio y nos sentíamos casi invencibles por haber sobrevivido al temido ‘efecto 2000’. Los primeros ordenadores personales llegaban a los hogares mientras los cibercafés, aunque vivían su mejor momento, empezaban a oler su pronta extinción. Estábamos cogiendo una de las primeras olas de nuestra vida digital y no sabíamos que algún día todo eso sería nostalgia.
Todo el mundo recuerda el Messenger, pero los nacidos en los 80s tenemos en nuestra memoria algo todavía más prehistórico: el IRC. En aquellos tiempos en los que Terra y Portalmix dominaban la conversación, IRC-Hispano se convirtió en la verdadera red social de finales de los 90s y principios de los 2000s.
Nos servía para conectar con personas de nuestra ciudad, pero también para debatir sobre temas concretos o incluso jugar online mediante líneas de texto. Todo esto sin insultarnos ni faltarnos el respeto. No echo de menos el internet de la época porque el de hoy me da muchas más posibilidades, pero sí que me encantaría que volviera ese “buenrollismo” que imperaba antes de la llegada de Twitter / X.
Pocos recuerdan que IRC “escondía” un Trivial
IRC-Hispano se hizo muy popular por su capacidad para conectar comunidades, personas con algo en común. Ya fuese una ubicación geográfica o un interés (el cantante de moda o una afición concreta), estas salas de chat eran mucho más que eso. Eran un espacio compartido, una especie de patio vecinal tras la pantalla.
En mi caso, pasé bastantes tardes jugando en las salas de Trivial de IRC, que eran algo así como un videojuego de texto. Se accedía a ellas como a cualquier otro canal (por ejemplo, #trivial) y, aunque no eran muy conocidas, había bastantes salas, incluso por temáticas.
Estos canales tenían la particularidad de que contaban con un bot que hacía de presentador del juego. Se encargaba de dar inicio a las partidas, hacer preguntas, moderar que nadie se pasara de la raya y asignar las puntuaciones.
Cuando el bot lanzaba las preguntas, los concursantes (es decir, las personas que estaban en el chat) debían responder en texto lo más rápido posible, ya que la primera respuesta correcta se llevaba los puntos de esa ronda. En caso de que nadie acertaras, comenzaba a lanzar pistas hasta que se agotara el tiempo o hubiera un acertante. Tras cada pregunta, el bot mostraba el ranking de puntuación. Después de varias rondas se declaraba un ganador y se reiniciaba la partida.
Otra alternativa era la de jugar solo e ir acumulando puntos para una especie de ranking mensual.
El Trivial del IRC me enganchó por varios motivos: era un juego bastante rápido (a pesar de ser en formato texto), muy competitivo, pero a la vez muy sano. No había discusiones y los más asiduos a estas salas ya nos reconocíamos el nick. Entre pregunta y pregunta se podía charlar con el resto de usuarios.
No había algoritmos que priorizaran el contenido polarizante, pero sí conexiones reales entre personas con gustos afines. Nadie buscaba ser influencer, simplemente queríamos charlar y conectar. Y esa precisamente fue una de las claves de su éxito y por lo que todavía lo recordamos con gran cariño.
Para muchos, IRC fue la primera red social, el primer WhatsApp e incluso el primer Tinder. La cooperación imperaba en este lugar, y las salas de Trivial eran un gran ejemplo de ellos, especialmente en aquellas partidas en las que se jugaba por equipos.
Si bien no siempre era el paraíso y, como en todos lados, había de todo, es innegable que había mucha menos toxicidad que la que reina hoy en día en internet. Y eso sí que se echa de menos.
Imágenes | Fernando Siles (Xataka)
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