
Bastan unos segundos frente a la pantalla para que el cerebro salte del descanso a estar totalmente activo al despertar
Hay un gesto que se ha vuelto tan automático que casi nadie lo cuestiona: alargar la mano hacia la mesita de noche antes incluso de haberse desperezado del todo. Alfredo Rodríguez-Muñoz, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, advierte que ese primer vistazo a la pantalla no es tan inocente como parece.
Según ha explicado el especialista, el problema no está en consultar el móvil un día concreto, sino en convertirlo en la primera acción de cada mañana. El cerebro necesita una transición gradual entre el sueño y la actividad, y esa pausa se rompe en cuanto entra en juego una pantalla llena de avisos pendientes.
Qué pasa en el cerebro en los primeros segundos
Rodríguez-Muñoz ha sido claro al describir el mecanismo: al consultar el teléfono en cuanto uno despierta, "se pasa de un estado de recuperación a un estado de alerta en cuestión de segundos" .
Esa transición natural, que en condiciones normales permite regular el cortisol y ajustar la atención poco a poco, se corta casi de inmediato cuando la primera entrada del día llega a través de la pantalla.
No hace falta que el contenido sea negativo para que el efecto se note. Un correo pendiente, una notificación de trabajo o simplemente el runrún de las redes sociales bastan para que la mente entre en modo de demanda antes de haber puesto un pie fuera de la cama.
Por qué cuesta tanto dejar el móvil en la mesita
El hábito se refuerza porque, para mucha gente, el teléfono ya no es solo una herramienta: cumple la función de despertador, así que el primer contacto con el dispositivo ocurre en el mismo instante en que suena la alarma.
A eso se suma un mecanismo de recompensa asociado a la novedad, esa sensación de no saber qué va a aparecer en la pantalla, que hace que el cerebro termine asociando despertar con conectarse.
Con el tiempo, repetir esa rutina cada mañana puede alimentar una sensación de prisa constante y de sobrecarga mental, incluso antes de haber desayunado. El especialista ha señalado que muchas personas se sienten cansadas sin haber empezado bien el día, precisamente por acumular ese estado de alerta desde el primer minuto.
Cómo retrasar ese primer contacto sin complicarse
La recomendación del psicólogo no pasa por eliminar el móvil de la ecuación, sino por aplazar entre 15 y 20 minutos ese primer vistazo, dejando hueco para abrir la ventana, moverse un poco o desayunar sin pantallas de por medio.
Aquí es donde entra en juego la parte más práctica para quien usa un Galaxy. Bixby, que en One UI 8.5 está dando el salto hacia un asistente conversacional más proactivo, permite programar rutinas que activan automáticamente el modo No molestar durante un rango horario fijo, de forma que las notificaciones no esenciales queden en espera hasta pasados esos primeros minutos tras la alarma.
No se trata de silenciar el móvil por completo, sino de dejar pasar avisos como llamadas importantes mientras se retrasa todo lo demás: redes sociales, correo o mensajes que pueden esperar diez minutos más.
Configurar esa rutina una sola vez evita tener que acordarse de activarla cada noche, y encaja con la idea de fondo que plantea Rodríguez-Muñoz. El propio especialista lo resume sin rodeos: la meta es sencilla, "que lo primero que vea tu cerebro al despertar no sea una notificación". No hace falta un cambio radical de hábitos, sino ese pequeño margen que le dé tiempo al cerebro antes de conectarlo al ruido exterior.
Vía | Hola
Imágenes | LinkedIn, Xataka y Dall-E con edición
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