Hay una narrativa sobre Samsung que dice que la empresa coreana pasó de fabricante de electrónica económica a marca premium gracias al Galaxy S. La historia es aproximadamente correcta, pero omite un capítulo anterior que ocurrió en 2005 y que vale la pena recuperar.
Ese año, Samsung presentó junto a Bang & Olufsen un teléfono móvil que costaba casi 1.000 euros en un mercado donde lo habitual era pagar entre 150 y 300, y que tenía un diseño tan extraño que muchos no lo reconocían como teléfono cuando lo veían por primera vez.
El Serene, también conocido como Samsung SGH-E910, era el resultado de dos años de colaboración entre los ingenieros de Samsung y los diseñadores de la firma danesa Bang & Olufsen, que empezaron a trabajar juntos en 2004 para crear algo que ambas compañías describieron como una oportunidad de realizar un concepto de teléfono completamente diferente.
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Un teléfono al revés, literalmente
El Serene era un teléfono tipo concha o clamshell, es decir, se abría por la mitad como un libro. Pero con una particularidad que ningún otro modelo tenía: estaba diseñado al revés.
La pantalla no estaba arriba, sino abajo, en la mitad inferior del teléfono. El teclado, en cambio, estaba en la mitad superior, integrado en el altavoz. Eso significaba que cuando llamabas, ponías el micrófono cerca de la boca y el altavoz del teclado quedaba cerca del oído: el teléfono estaba diseñado para que hablar por él fuera cómodo en esa posición invertida.
El teclado era circular, sin teclas individuales separadas, con un disco de navegación central similar a la rueda del iPod de Apple. Para moverse por los menús se usaba ese disco en lugar de las teclas de navegación convencionales.
El resultado visual, cuando el teléfono estaba cerrado, era una pieza metálica que se parecía más a una cartera o a un objeto de diseño que a un teléfono.
La base cargadora como segundo acto
Junto con el teléfono venía una base cargadora triangular en aluminio anodizado pulido, que no era simplemente un cargador, sino una pieza de diseño en sí misma. Cuando el Serene se colocaba en esa base, la pantalla podía girar 180 grados y quedaba orientada hacia quien estuviera sentado delante, convirtiendo el conjunto en lo que Samsung y B&O llamaban un mini ordenador de mesa.
Además, para los clientes que ya tenían teléfonos fijos Bang & Olufsen en casa, el Serene incluía conectividad DECT que permitía integrarlo con los terminales del hogar de la misma marca.
Lo que no hacía: una lista llamativa
Las especificaciones técnicas del Serene, más allá del diseño, eran normales para 2005. GSM tribanda, Bluetooth, cámara de 0,3 megapíxeles, 31 MB de memoria y batería de 800 mAh con tres horas de conversación y diez días en espera. La pantalla era una TFT de 320 × 240 píxeles. Nada de lo anterior estaba por encima de la media del mercado de ese momento.
Lo más sorprendente de la ficha técnica del Serene, dado que Bang & Olufsen tiene una reputación histórica en audio de alta gama, es que el teléfono no reproducía MP3. Un dispositivo de casi 1.000 euros, fabricado en colaboración con la empresa de audio más premium del mercado europeo, que no podía reproducir música.
Quién podía comprarlo y dónde
El Serene no se vendía en tiendas de telefonía convencionales. La distribución era exclusiva a través de las tiendas Bang & Olufsen, lo que ya limitaba enormemente la audiencia potencial del teléfono. No era un producto que alguien pudiera encontrar por casualidad en un centro comercial: había que ir expresamente a una tienda de la marca danesa para verlo y comprarlo.
El precio de lanzamiento fue de aproximadamente 1.000 euros. Para contextualizar: en 2005 el salario mínimo en España era de 513 euros al mes. El Serene costaba casi dos salarios mínimos, en un año en que el iPhone todavía no existía y Nokia dominaba el mercado con terminales que costaban la cuarta parte.
Su competidor más directo en el segmento de lujo era el Nokia 8800, presentado el mismo año con un diseño también premium en acero inoxidable y un precio similar. Y más arriba en la escala de precio estaba Vertu, la marca de teléfonos de Nokia diseñados con materiales como titanio y zafiro, que empezaba en varios miles de euros.
Lo que cuenta sobre Samsung en 2005
La existencia del Serene revela algo sobre la Samsung de esa época que a veces se pasa por alto: la empresa ya estaba buscando activamente cómo llegar al segmento premium del mercado antes de que Galaxy existiera. No lo consiguió con el Serene, que fue más un objeto de diseño que un éxito comercial, pero la dirección era clara.
La colaboración con B&O era una forma de asociar el nombre de Samsung a la alta gama a través de una marca que ya tenía esa credibilidad establecida.
Veinte años después de que el Serene saliera al mercado, Samsung vende millones de teléfonos por encima de los 1.000 euros al año, como el S25 Ultra. El camino entre los dos puntos no fue directo, pero el Serene es una parada en ese recorrido que merece ser recordada.
Imágenes | Samsung con edición
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