La guerra de las teleco que no se ve y que Vodafone está ganando, también es otra forma de llevar la fibra a más pueblos

Vodafone firmará su tercer gran contrato mayorista del año, el primero bilateral, que sumará hasta tres millones de hogares con acceso a fibra

plokiko

Colaborador

Cuando pensamos en la “guerra de las teleco” solemos imaginar las ofertas imposibles para cambiar de operador que luego quedan reflejadas en las portabilidades. Pero en paralelo existe otra batalla mucho más silenciosa, menos visible para el usuario final y que, sin embargo, está cambiando profundamente el tablero: la guerra por los acuerdos mayoristas de red.

Y en esta guerra invisible, Vodafone se ha convertido en la operadora más combativa desde que Zegona tomó el control de su filial española hace un año. Una Vodafone que ya no se conforma con mantener clientes, sino que quiere monetizar cada metro de red desplegada, incluso aunque no sea con usuarios propios.

De perder clientes a ganar redes

Hasta hace poco, Vodafone España era el alumno pasivo de esta partida. El grupo británico nunca quiso competir de forma agresiva en el mercado mayorista: alquilar sus redes a operadores virtuales significaba dar alas a rivales de bajo coste que luego le mordían clientes. Pero el cambio de dueño ha supuesto un giro total.

Ahora el negocio mayorista es una prioridad porque es la manera más directa de llenar la red de usuarios y generar ingresos estables. La lógica es simple: si la red ya está desplegada, cuanto más tráfico circule por ella (aunque sea de otros operadores), más rentable resulta.

En apenas un año, Vodafone ya ha firmado acuerdos clave: primero con PTV Telecom, luego con Silbo Telecom, y ahora está a punto de cerrar otro con Vera, el operador catalán recientemente integrado en Rural Fibra. Y no hablamos de movimientos menores: son contratos que implican que Vodafone le quite clientes a las redes de Telefónica y MasOrange, los dos grandes rivales en este frente.

El acuerdo con Vera y Rural Fibra: la jugada maestra

El caso de Vera es especialmente interesante. Según adelanta Expansión, el pacto incluye un acceso preferente y recíproco a las redes:

  • Vodafone prestará cobertura móvil a los clientes de Vera.
  • Vera y Vodafone se darán acceso mutuo a sus redes FTTH.
  • Habrá cesión de infraestructuras para servicios de alta capacidad.

La clave está en la reciprocidad. Porque, además de llenar su red de más usuarios, Vodafone consigue algo que hasta hace poco era impensable: acceder a la fibra desplegada por Vera y Rural Fibra en miles de pequeños municipios.

Rural Fibra cubre ya casi tres millones de hogares en pueblos donde hasta ahora Vodafone apenas tenía presencia directa. Es decir, la operadora roja no solo gana negocio mayorista, sino que, de rebote, consigue extender su cobertura de fibra a zonas rurales donde tradicionalmente no llegaba.

Telefónica el gran damnificado

Este baile de acuerdos está dejando heridas profundas en el mercado:

  • Telefónica acaba de perder el contrato mayorista de Vera, que gestionaba a través de Aire Networks. Antes ya había perdido a Avatel, que migró sus 700.000 clientes móviles hacia Masorange.
  • Masorange, por su parte, sufrió la fuga de PTV Telecom a Vodafone, lo que supuso perder unos 350.000 clientes móviles en un solo movimiento. Pero quedó parcialmente compensado con el contrato con Avatel.

En apenas un año, el mapa se ha movido como un puzzle en el que todos buscan la mejor red al mejor precio. Y la tendencia parece clara: Vodafone ha entrado con todo en este mercado, y se está llevando la mejor parte.

Una guerra invisible… que mejora la conectividad rural

Más allá de la lucha entre gigantes, lo interesante para los usuarios es que esta guerra silenciosa está teniendo un efecto colateral positivo: más pueblos con fibra y mejor cobertura móvil.

Los acuerdos mayoristas no solo implican que los pequeños operadores puedan ofrecer servicios competitivos usando la red de una grande. También permiten que las grandes, como Vodafone, aprovechen la capilaridad de las redes locales ya desplegadas.

En términos prácticos, esto significa que la competencia no solo se traduce en precios de tarifas, sino también en que haya más hogares rurales conectados. En un país donde todavía existen “pueblos en sombra” digital, esta fórmula híbrida resulta más rápida y eficiente que los despliegues tradicionales.

La guerra por el negocio mayorista será uno de los motores de ingresos de las telecos en los próximos años. Con el crecimiento del low cost y la dificultad de diferenciar tarifas, alquilar la red puede ser más rentable que vender directamente servicios a clientes finales.

Y aunque el usuario final quizá nunca se entere de que su conexión a internet pasa por la red de una compañía distinta a la que le factura, lo cierto es que cada vez más pueblos se benefician de esta guerra invisible. Una guerra en la que, al menos por ahora, Vodafone está ganando la partida.

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