Si los cables submarinos del Estrecho de Ormuz se convierten en un problema, la UE tiene su vía de escape: el Polo Norte

  • Irán amenaza con sabotear los cables submarinos, algo que afectaría al tráfico de internet europeo

  • El mayor reto se encuentra en las barreras naturales, como los icebergs, presentes en esta zona del mundo

Noelia Hontoria

Editora

El cierre del Estrecho de Ormuz se ha convertido en la mayor interrupción del suministro energético desde la decáda de los años 70, según la Agencia Internacional de la Energía. Pero, más allá de eso, también supone una importante amenaza para el tráfico de datos a nivel mundial. A fin de cuentas, en el lecho marino descansan los cables de fibra óptica por los que circula el 99% del tráfico mundial de datos.

Si hacemos zoom, el 90% de la conexión a internet de Europa pasa por el Mar Rojo, lo que nos podría poner en graves aprietos si Irán cumple su amenaza de sabotear esta infraestructura si las Big Tech no pagan el peaje. La solución esta vez podría estar en el Polo Norte.

Del abrasador Ormuz al frío Polo Norte

El conflicto en el Estrecho de Ormuz no solo ha afectado a las petroleras o el espacio aéreo, el tráfico de internet también está bajo amenaza. En el mapa mundi de los cables submarinos vemos que precisamente en esta zona se forma un nudo considerable, una autopista necesaria e imprescindible para que internet llegue a cada rincón del planeta desde el fondo marino.

La importancia de estos cables submarinos los están convirtiendo también en objetivo de guerra, una moneda de cambio sin la que la Unión Europea tendría mucho que perder por su ubicación geográfica.

Se hace necesario trabajar en un plan alternativo y este ya tiene nombre: Polar Connect. Esta iniciativa trabaja en el despliegue de una potente infraestructura de cables submarinos que blinde a Europa ante estas posibles tensiones geopolíticas.

El Ártico se convierte así en un espacio estratégico, ya que conecta el Pacífico y Atlántico sin necesidad de atravesar Suez, Panamá o Buena Esperanza, y también es la más corta entre Asia y el Norte de Europa.

Un despliegue millonario

El proyecto Polar Connect justifica su necesidad no solo en el caso de que Irán decida poner las tijeras a trabajar. Independientemente del conflicto, “se necesitan urgentemente rutas alternativas para evitar la congestión, reducir la latencia y aumentar la resiliencia, sobre todo teniendo en cuenta que el tráfico mundial de internet se duplica cada tres años”.

Actualmente, en torno al 90% del tráfico de internet en Europa utiliza las conexiones que unen Londres, Ámsterdam, Frankfurt y París. 

No será fácil ni tampoco barato. En esta zona existen importantes barreras naturales que podrían comprometer la integridad de los cables, como los movimientos de los icebergs. Además, actualmente no existen barcos de tendido que también puedan romper los hielos, algo que eleva también los costes operativos. Se estima que la inversión tendrá un coste de en torno a 2.150 millones de euros.

A pesar de todos estos inconvenientes, para la Unión Europea este se ha convertido en uno de sus proyectos de mayor prioridad y se espera que esté en funcionamiento en el año 2030.

Imagen de portada | Generada con Gemini

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