Las "zonas muertas" de GPS se extienden por el mundo: los inhibidores de drones son una amenaza para el móvil y el 5G

  • Zonas como el estrecho de Ormuz sufren apagones constantes de GPS debido a la guerra electrónica

  • La dependencia del GPS para sincronizar las torres 5G y las transacciones financieras convierte a estos inhibidores de señal en una amenaza para la economía

Editor

Si observamos el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, muy sonado estos días por el conflicto EEUU-Irán, la imagen roza el absurdo. Los sistemas de seguimiento muestran a cientos de barcos apilados unos sobre otros o trazando círculo sobre tierra firme. No es un fallo de las pantallas: el GPS ha dejado de funciona con normalidad.

La expansión de inhibidores de señal para frenar ataques con drones está creando enormes zonas muertas. Es un daño colateral que amenaza con fracturar infraestructuras más cercanas a nosotros que un buque petrolero. Te contamos por qué está sucediendo esto.

Imagen de GPSJam

El origen del caos. La raíz de este apagón satelital está en la guerra electrónica, una que se ha vuelto barata y accesible. Los ejércitos y milicias están usando emisores de ruido de radiofrecuencia para saturar la señal (conocido con el término «jamming») o, peor aún, suplantarla (spoofing) enviando coordenadas falsas.

¿Para qué? Pues bien, el objetivo principal es confundir a los drones y la munición guiada para que fallen al dar en el blanco. Y funciona: la munición Excalibur pasó de un 70% de efectividad en Ucrania a apenas un 6% en solo seis semanas. Ha sido así porque el adversario adaptó el software de sus sistemas de interferencia. Es posible ver este caos del que hablamos en el siguiente mapa.

Impacto en nuestro móvil. El error más común es pensar que si el GPS falla, el único drama es que Google Maps no sabrá guiarnos. Craso error: el GPS no solo dice dónde estamos, sino cuándo. Cada satélite lleva a bordo relojes atómicos muy precisos que actúan como el metrónomo de la tecnología moderna. 

Las torres de telefonía 5G dependen de esta señal de tiempo para sincronizar sus frecuencias. Si una torre pierde su referencia GPS debido a un inhibidor cercano, la sincronización simplemente se rompe: las llamadas en movimiento se caen, el traspaso de datos entre antenas fracasa y la red móvil colapsa.

De Pikachu a la trinchera. Lo fascinante —y aterrador— de esta crisis es cómo se ha democratizado el hardware necesario para ejecutarla. Hace una década, falsear una señal GPS requería equipos militares muy caros. Sin embargo, en la actualidad predominan las herramientas de spoofing basadas en «Radios Definidas por Software» (SDR). Esta misma tecnología barata y accesible es la que utilizan grupos paramilitares para desviar drones: crean burbujas de interferencias que afectan a aviones comerciales a kilómetros de altura.

Búsqueda urgente de un plan B. Hemos construido la economía digital sobre una señal que viaja a 20.000 kilómetros y llega a la Tierra con la potencia de una bombilla: tenue, incapaz de defenderse. Ante este panorama, la industria está buscando soluciones con urgencia. A nivel de hardware, se están explorando el uso de satélites de órbita baja (LEO) cuyas señales son 100 veces más potentes y difíciles de inhibir. 

También sistemas de navegación inercial y sensores cuánticos. A nivel de software, el viejo continente ha tomado la delantera con su sistema Galileo e implementando una firma digital, OSNMA, que permite a los dispositivos verificar criptográficamente que la señal proviene de un satélite real y no de un inhibidor terrestre.

Hasta que estas soluciones se estandaricen, nuestro mundo seguirá pendiendo de un hilo muy fácil de cortar.

Imagen de portada | Maël BALLAND en Unsplash

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