La Comisión Europea exige una política de actualizaciones mínima de cinco años; algunos fabricantes la están superando
El problema ahora es otro: lograr que las baterías resistan este plazo tan generoso
Uno de los aspectos que más valoramos a día de hoy en un móvil es que tenga una política de actualizaciones generosa. Ya no nos conformamos con que nuestro móvil deje de actualizarse en dos o tres años y los fabricantes han elevado la apuesta: algunos modelos de Google, Samsung y Honor, ya tienen siete años de actualizaciones y va camino de convertirse en el nuevo estándar de la industria. Sin embargo, ahora el problema está en otro lado. ¿Pueden las baterías aguantar tanto tiempo? He ahí el ‘quid’ de la cuestión.
Desde Europa con amor. En realidad, la norma viene de mucho más arriba que los despachos de las marcas. La Comisión Europa recoge que todos los teléfonos lanzados a partir del 20 de junio de 2025 deben ofrecer al menos cinco años de actualizaciones de software. Para este plazo se tendrá en cuenta “lla fecha de finalización de la comercialización de la última unidad de un modelo de producto”.
En la práctica, esto tiene letra pequeña. Como casi todo. La política de actualizaciones de software deja cierta libertad a los fabricantes, que dejan fuera de sus ‘updates’ más interesantes ciertas funciones nuevas, algo que estamos viendo especialmente con las actualizaciones relacionadas con la IA.
El gran obstáculo: las baterías. Como usuarios, podemos renunciar a esas “novedades estrella” a cambio de que nuestro teléfono dure más y tengamos un plazo más generoso para pasar por caja y comprar otro dispositivo nuevo. Hasta aquí, todo bien. El problema reside en que hay ciertos componentes a los que el tiempo le rasgan las costuras y el mejor ejemplo es la batería de los terminales.
Tengo varios ejemplos sobre la mesa. Sigo satisfecha con mi iPhone 11 Pro Max, que sigue actualizando desde 2019, pero, aunque se deja fuera lo mejor de Apple Intelligence y se le nota pesadito en ciertas tareas, lo peor es esa batería en estado “Reparación” que, a su vez, está lastrando el rendimiento. ¿Podría cambiarla y seguir disfrutando de un teléfono que actualiza? Sí. Pero llegados a este punto hay que poner en la balanza si realmente compensa. Lo que está claro es que para que un teléfono dé una experiencia agradable durante esos siete años, no solo basta con actualizar el software. Necesita un poquito de chapa y pintura.
Un hambre voraz. Pero, más allá de las propias baterías, hay que tener en cuenta que las nuevas actualizaciones cada vez son más demandantes y los recursos de hardware del dispositivo no cambian (obviamente). Por lo tanto, si lo que pretendemos es exprimir nuestro terminal durante toda la vida útil de la batería la recomendación sería adquirir el modelo más vitaminado (en caso de que existan varias versiones de RAM) para que sea capaz de mover las novedades que vendrán en el futuro.
Para Europa, promover una política de actualizaciones más longeva es una medida de sostenibilidad; para otros, una herramienta de marketing interesantísima. En el centro de la diana estamos realmente los usuarios, que hemos aceptado (qué remedio) que los móviles sigan subiendo de precio pero a cambio buscamos alargarlos lo máximo posible. Aumentar el período de actualizaciones es el primer paso, y una gran noticia sobre todo de cara a nuestra seguridad, pero no siempre es tan sencillo como parece.
Imagen de portada | Generada con Gemini
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