Europa pierde 16.000 millones al año en basura electrónica. España ha arrancado el primer horno europeo para recuperarlos

Reciclaje Moviles
  • La primera planta piloto europea capaz de recuperar metales críticos provenientes de residuos electrónicos se encuentra en Madrid

  • Se trata de un horno de lanza sumergida que trabaja a más de 1.200ºC

Noelia Hontoria

Editora

Ese móvil que tienes ahora en las manos o encima de la mesa, el ordenador, la tablet, los auriculares, el reloj inteligente… Todo eso dentro de un tiempo acabará en un vertedero, a pesar de que para su construcción se han utilizado minerales tan valiosos como la plata, el cobre o el platino.

Según datos del E-waste Monitor de la ONU para 2024, se calcula que solo en España se tiran cerca de 930.000 toneladas de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) cada año, de los cuales menos de la mitad son residuos documentados y reciclados. ¿La consecuencia? Se pierde dinero a espuertas. Pero, además, si Europa quiere hacer que las tierras raras y los minerales críticos sean un recurso estratégico, es necesario pasar a la acción. Y ahí es donde España entra en juego.

Un horno pionero en Madrid. Hace apenas unos días, el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas del CSIC inauguró en la capital de España la primera planta piloto europea capaz de recuperar metales críticos provenientes de residuos electrónicos.

Horno vertical de lanza sumergida del CENIM-CSIC. / Félix Antonio López (CENIM-CSIC)

Se trata de un horno de lanza sumergida que a más de 1.200ºC puede fundir estos residuos para extraer los metales más valiosos. En la primera prueba experimental con basura electrónica se ha logrado recuperar materiales como oro, plata, platino y cobre.

Cómo lo consigue. Esta obra es en gran parte responsabilidad de esa lanza sumergida que ya hemos mencionado. Al introducir la lanza metálica, se inyecta oxígeno y combustible dentro del baño fundido, lo que a su vez genera una turbulencia que es la causante de mezclar y homogeneizar el material y acelerar las reacciones químicas.

Esto se conoce como proceso ISASMELT y no requiere de molienda fina ni secado. La separación se produce gracias a la diferencia de densidades: cuando se funden los residuos, los metales preciosos se hunden, lo que facilita la extracción.

Las cifras. Según datos del Observatorio Internacional de Residuos de la ONU, en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de RAEE. Una disparatada cifra que supone un crecimiento del 82% respecto a 2010 y que, según las estimaciones, seguirá multiplicándose en los próximos años.

Los datos de Europa no son para sentirse orgullosos: en ese mismo año fue la región con mayor volumen de RAEE por habitante, 17,6 kg por persona, de los cuales apenas se recuperaron 7,3 kg.

Si traducimos esta basura en valor económico, hablamos de unas pérdidas de 91.000 millones de dólares al año a nivel mundial que, si aplicamos zoom y sacamos la cuenta proporcional, 19.000 millones corresponden a Europa.

Por qué es importante. En un contexto en el que China domina la explotación de yacimientos de tierras raras, Europa tiene como asignatura pendiente aprovechar esa “mina urbana” que es el reciclaje de los RAEE que permitiría reincorporar las materias primas a la producción europea y ahorrar varios miles de millones al año.

Además, en base a la Ley de Materias Primas Críticas de la Unión Europea, para 2030 el 25% de ellas deberán proceder del reciclaje. Una medida que busca eliminar la elevada dependencia de importaciones que acusamos actualmente y que supone un riesgo geopolítico grave.

El futuro. Hay que tener en cuenta que aunque esta planta piloto ha mostrado muy buenos resultados, no estamos hablando de una planta industrial como tal. Para que el proyecto salga adelante necesita resolver cuestiones como la gestión de emisión de gases en el proceso o la vida útil de los materiales empleados en el propio horno, además de disponer de nuevos fondos que garanticen su permanencia.

Mientras tanto, no se le puede dar la espalda al verdadero problema: que solo el 54% de los RAEE en Europa se recogen correctamente. Y con estas cifras sobre la mesa poco vale desarrollar complejas tecnologías que permitan la recuperación de estos minerales si, en el primer paso de todo este proceso, la basura electrónica no se clasifica como debería y acaba en el contenedor de los orgánicos.

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