Cada fin de semana, webs legítimas caen como daño colateral de los bloqueos de LaLiga
La falta de soluciones ante pérdidas económicas sientan un peligroso precedente para la neutralidad de la red
Llega el fin de semana, intentas comprar en tu tienda favorita, error. Intentas acceder a tu entorno de trabajo en remoto, más problemas. La web no carga, compruebas tu conexión, reinicias el router, pero todo sigue igual. Sí, el problema no es tu dispositivo, ni tu router: es que hay fúbol.
Lo que hace una década habría sido un escándalo, hoy se despacha con un encogimiento de hombros, me incluyo. La cruzada de LaLiga para proteger sus derechos de emisión ha derivado en una serie de bloqueos indiscriminados que están dejando inoperativas muchas webs legítimas. Pero lo preocupante, bajo mi punto de vista, no es el apagón en sí sino la pasividad y normalización frente a él.
Matar moscas a cañonazos. Para entender cómo hemos llegado a este punto, hay que mirar a la infraestructura de la red. Para bloquear dominios específicos, lo habitual era hacerlo leyendo el campo SNI que viajaba sin cifrar al acceder a una web. Ante la imposibilidad de saber exactamente a cuál se conecta un usuario, la respuesta ha sido la fuerza bruta: ordenar el bloqueo de IPs completas.
El problema es que en el internet moderno impera el alojamiento compartido. Empresas como la muy citada Cloudflare sostienen a gran parte de la red, por lo que una sola IP puede alojar tanto una web de streaming de dudosa procedencia como miles de negocios legales. Si bloqueas la IP, caen todos como fichas de dominó.
El tejido digital se desangra. Mientras en los despachos seguramente celebren la caída de audiencias de servicios ilegítimos, los negocios que necesitan internet están sangrando. No hablamos de daños teóricos, sino de pérdidas económicas reales y cuantificables: algunas agencias reportan pérdidas de 800 euros por fin de semana y foros históricos sufren caídas del 20% cuando hay fútbol.
¿La supuesta solución que se le da a los afectados? Desactivar Cloudflare. En la práctica, esto equivale a pedirle a un negocio que quite la puerta de seguridad y el sistema de alarmas de su local para que el guardia de la calle de enfrente pueda ver mejor: es inasumible.
La cacería sin resistencia. Como no se vislumbra una manera de encarar la situación, la línea roja se sigue empujando. Ya no basta con bloquear webs como Linux Mint o foros enteros: ahora el objetivo son las VPN. Obligar a servicios como NordVPN o ProtonVPN a bloquear direcciones IP me parecería todavía más abusivo.
Son herramientas que nacieron literalmente para blindar el anonimato y la privacidad. Empujarlas a ejercer de policías de internet bajo la misma excusa de siempre... Y no olvidemos el sistema Piracy Shield que en Italia ya ha multado con 14 millones a Cloudflare por no filtrar contenidos, algo que técnicamente destrozaría su latencia.
Nuestra rendición es silenciosa. Aquí es donde mi pesimismo sube de nivel. Sí, existen iniciativas como LaLigaGate y los movimientos legales de RootedCON, pero el grueso de la sociedad, los medios y las instituciones parecen haber bajado los brazos. Es como si el esfuerzo por defender una red neutral fuera demasiado grande.
Sabemos que cuando Cloudflare estornuda, medio internet se resfría, lo vimos en sus recientes caídas. Pero si LaLiga apaga el servidor nos quedamos callados esperando a que pase el finde. Nos están acostumbrando a un internet fragmentado, roto y supeditado a los derechos de emisión de una compañía privada. Y la cruda realidad, desde mi punto de vista, es que hemos aceptado la derrota sin apenas habernos presentado a la batalla.
Imagen de portada | Xataka Móvil con Gemini
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