Las gafas Ray-Ban de Meta grabaron contenido íntimo de usuarios que fue revisado por trabajadores en condiciones precarias
La subcontrata de Meta ha despedido a 1.100 revisores de las Meta
Las Ray-Ban Meta se han convertido en un accesorio imprescindible para muchos influencers, ya que facilita ir grabando sin sujetar una cámara. El problema llega con la privacidad, porque, ¿cómo sabemos los demás que no nos están grabando o haciendo fotos sin permiso? ¿Dónde acaba todo ese contenido? Son dos preguntas que tienen respuesta en una reciente polémica centrada en Meta.
La subcontrata de Kenia. Unas gafas inteligentes están provistas de cámaras para poder hacer fotos, grabar vídeos y para que la IA sepa lo que hay delante de nosotros tras analizar el entorno en tiempo real. Todo ese contenido se guarda en el móvil del usuario, también puede compartirse con la empresa dueña de las gafas para, por ejemplo, mejorar la plataforma. Justo lo que hace Meta, está descrito en sus términos de uso.
Las plataformas de redes sociales están obligadas a tener revisores para vigilar el contenido. No se hace en las propias empresas, estas subcontratan para que les salga más barato. En el caso de las Ray-Ban, Meta usaba a una compañía de Nairobi, en Kenia. Esta empleaba, al menos, a 1.100 personas: han sido despedidas tras desvelarse cómo trabajaban.
¿Qué veían? La polémica saltó cuando dos de los revisores confesaron a la prensa cómo era su material de trabajo. Debían enfrentarse a vídeos privados con personas desnudas, actos sexuales y hasta a todo tipo de datos bancarios. Cualquiera de los revisores de Meta podría haber desplumado a más de un usuario de Ray-Ban.
El problema: el uso consciente sin avisar. Las gafas no graban por sí solas, debe ser el usuario el que dé permiso para la grabación y quien active su uso, especialmente con la IA. A partir de ahí Meta puede usar esas grabaciones según sus necesidades, está perfectamente especificado en los términos de servicio:
“Si creas o subes vídeos mediante los Productos de MPT (Meta Platform Technologies), nos otorgas permiso para almacenarlos, copiarlos y compartirlos con otros (de conformidad con tu configuración de privacidad), como Productos de las empresas de Meta o proveedores de servicios que ayudan a proporcionar dichos productos y servicios”.
Los usuarios de las gafas se graban a sí mismos, pero también a los demás. Incluso sin que lo sepan: los revisores de Meta explicaron que vieron vídeos con las gafas utilizándose en modo de “cámara espía”. Una vez el dueño las activa estas pueden grabar desde un restaurante a una habitación privada. El resto ya lo podemos imaginar.
La tentación es demasiado alta. La cámara del smartphone nos ha traído una herramienta de documentación perpetua: ocurra lo que ocurra en el mundo, seguro que hubo alguien grabándolo con el teléfono. Las gafas inteligentes quieren ser el siguiente paso: una herramienta de grabación omnipresente y casi invisible. La tentación de usarlas para vulnerar la privacidad es demasiado alta.
Mientras el usuario de las Ray-Ban grababa sin pensarlo demasiado, al otro lado había alguien en Nairobi viendo ese vídeo por menos de dos dólares al día. Eso también estaba en los términos de servicio. El problema es que nunca leemos a fondo los contratos.
Imagen de portada | Montaje con fotos de Iván Linares
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