El móvil llegó tarde a una caída de natalidad que ya venía de los años sesenta
Vivienda inalcanzable, formación interminable y la dificultad de formar pareja explican mejor el problema
No hace falta mirar alrededor para comprobar que cada vez nacen menos niños: la natalidad ha descendido en la mayor parte de países industrializados. Países como España están envejeciendo más rápido de lo que parecía. Hasta China tiene un problemón relacionado, y eso que fue uno de los países que más representaron el boom de la natalidad. Ante los datos objetivos, y las gráficas que se desprenden de dichos datos, sorprende que la línea descendente vaya casi al mismo nivel con otra en sentido alcista: la del uso del smartphone.
¿Una correlación o simple coincidencia? Sobre la mesa tenemos un par de datos objetivos: durante las dos últimas décadas la caída en la natalidad ha sido pronunciada; en este mismo lapso, el boom del smartphone, y el de las redes sociales, ha hecho que su popularización creciese de manera notable. Diversos estudios trazan cierto paralelismo entre un fenómeno y el otro, en especial debido a un elemento muy concreto: la reducción en el tiempo que pasan juntos los adolescentes debido al uso del móvil.
Un estudio, llamado “El colapso de la fertilidad adolescente en la era digital”, quiere explicar la caída en la natalidad de los jóvenes con el uso del smartphone. No está revisado por pares, sus resultados son todavía preliminares. Y tiene un alcance estrecho de fiabilidad: han encontrado correlación en los adolescentes de la franja de edad correspondida entre los 15 y 19 años. El estudio encontró cierta causalidad más modesta entre la caída en natalidad y el uso del móvil en la siguiente franja, hasta los 24 años. Más allá de aquí los datos no avalan la teoría del smartphone como culpable.
Los móviles no son precisamente inocuos. Atraen nuestra atención y tienen instaladas aplicaciones que son objetivamente adictivas. Nuestra simbiosis con el teléfono ha hecho que nos aislemos en las relaciones, que hasta las reuniones sociales se sucedan con buena parte de los asistentes mirando su smartphone. Suena plausible que esta reducción en la interacción social se traslade a la intimidad.
El smartphone nos ha abierto la puerta al mundo y nosotros nos la estamos cerrando a lo que nos rodea. Pero eso no implica que sea el culpable de todo, como especifica Jesús Fernández-Villaverde, economista de la Universidad de Pensilvania que investiga la caída de la natalidad:
¿Y cuáles son esas fuerzas que están actuando actualmente para que los nacimientos estén en clara recesión incluso en países que no se encuentran entre los primeros puestos por PIB? Jesús lo explica en una conferencia de la Universidad de Pennsylvania:
- El coste y el tipo de vivienda. Teníamos asumido que este es uno de los grandes problemas actuales (está en el primer puesto del último barómetro del CIS). Faltan casas más accesibles y mejor ubicadas.
- La sobreeducación. Los jóvenes necesitan pasarse muchos años formándose y, después, otros tantos años más para obtener un empleo lo suficientemente bueno como para tener estabilidad.
- El impacto del “margen extensivo”. La caída no se debe tanto a que las parejas tengan menos hijos, sino a que directamente una gran cantidad de personas no se casa ni tiene ningún hijo. Esto reduce el número de familias, incluso pequeñas.
El móvil no es la causa, solo acelera el problema. La natalidad en Occidente lleva cayendo desde los años sesenta. La caída de la mortalidad infantil, el acceso universal a la anticoncepción, la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral y la educación superior femenina explican la mayor parte de la transición demográfica. El móvil llegó tarde a esa fiesta. Lo que el smartphone parece haber hecho, mirando los datos con honestidad, es pisar el acelerador de una tendencia que ya estaba en marcha. No encenderla.
Vistos los datos, Jesús Fernández-Villaverde reflexionaba en su cuenta de X con un “Los smartphones parecen los candidatos obvios”. Las cifras coinciden, ya tienen un aura negativa y resulta mucho más sencillo desprendernos de la culpa para asociarla a un objeto que no puede defenderse. El problema es que apagar el móvil no abre paritorios. Si las fuerzas que hunden la natalidad son la vivienda, la preparación interminable para la edad adulta y la dificultad para formar pareja, tocaría incentivar políticas que promuevan esos cambios; por más que en los países nórdicos no haya terminado de funcionar la fórmula. Trasladar la culpa al individuo tampoco arregla nada.
Imagen de portada | Iván Linares
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