¿Espero a la generación del Snapdragon 835 o apuesto ya por la del Snapdragon 821?

El mercado de los teléfonos móviles, en cuanto nos salimos de la curiosa forma de funcionar del ecosistema de Apple, tiene un par de características comunes que hace difícil adquirir un teléfono sea cual sea la época del año. Por un lado tenemos la rápida evolución de los procesadores y por otro la inevitable bajada de precios asociada a la tremenda competencia existente: altísima cuando hablamos de Android.

Ahora, con el Snapdragon 835 ya presentado de forma oficial, se plantea el mismo problema de cada seis meses. Con el Snapdragon 821 aún oliendo a nuevo, y con grandes exponentes en circulación, ¿qué es lo que se debe hacer? ¿Pagar más por los dispositivos nuevos con la nueva generación del procesador o apostar por algo un poco más antiguo pero también más económico? Veamos las ventajas reales de esperar.

La realidad virtual

Es uno de los puntos que más están publicitando todos los fabricantes móviles de renombre. Mientras que en el terreno de las consolas y los ordenadores personales tenemos las Oculus, las Vive o las soluciones propias como PlayStation VR, en los teléfonos móviles tenemos las gafas VR que suelen ser genéricas, salvo excepciones.

La tecnología está aún verde y las pantallas de los smartphones, por debajo del 4K que se recomienda como óptimo, no ayudan tampoco a mejorar la experiencia. Pero Android ha puesto algo estándar en marcha, DayDream, y el Snapdragon 821 ya es compatible con esta tecnología. Así pues, optar por un Snapdragon 821 o por un 835 no hará que tengamos o no acceso a la realidad virtual de Google para Android.

La realidad virtual en móviles avanza, pero no es en estos momentos un factor que decida la compra de un móvil frente a otro

La potencia influye en este caso, por supuesto, y el Snapdragon 835 promete lograr un 25% más de potencia gráfica que el Snapdragon 821. En tan sólo unos meses, el nuevo procesador es capaz de procesar los gráficos de forma más eficiente pero insistimos, el problema aquí es más de pantallas y de la compatibilidad de cada móvil que de potencia. La realidad virtual de hoy se ejecuta indistintamente en ambos procesadores.

Las apps Win32, un factor diferencial

Cuando hablemos del Snapdragon 835 en el futuro lo recordaremos como el primer procesador ARM de Qualcomm en ser capaz de ejecutar diseñadas para la arquitectura X86. ¿Qué significa esto exactamente? Que puede ejecutar apps Win32, las que han acompañado y siguen acompañando a Windows, de forma nativa. Aunque la última palabra la tendrá, como siempre, el sistema operativo.

Móviles con Windows y la búsqueda de la productividad, en el Snapdragon 835 tenéis un potente aliado

Dado que Samsung está ya preparando un sistema para que su Galaxy S8 pueda ejecutarse como si se tratase de un PC de escritorio, como ya hacen Continuum y Chrome OS, no es descabellado pensar que el propio Google, con el proyecto Andrómeda en los posibles planes para este 2017, llegue a permitir la compatibilidad entre las apps de Windows y las propias de su sistema.

Esto no significará que podamos cargar apps de Windows en nuestro móvil Android y se ejecuten, pero sí que podríamos tener apps Win32 en nuestro móvil con Windows 10 para móviles. Entonces sí que se convierte en un factor a tener en cuenta a la hora de elegir un móvil con un procesador u otro. Tener el Snapdragon 835 a bordo puede suponer una ventaja real frente al chip más antiguo. ¿Se aprovechará de forma conveniente? Ya veremos.

Me importa la autonomía

Otro de los aspectos que se valoran a la hora de comprar un smartphone es el de la batería. Concretamente, la autonomía. El consumo del procesador es importante en este sentido, pero no se trata de uno de los factores realmente diferenciales a la hora de decantarnos por un procesador o por otro, pues las variables son tantas y tan diversas que a efectos prácticos, la gestión del procesador no es imprescindible.

La tecnología de la pantalla, la diagonal y la resolución, el propio tamaño de la batería, el software de gestión de la energía de cada fabricante y hasta factores externos como la cobertura de nuestra zona, o cuánto y para qué usemos el móvil. Todo ello influye en la duración de nuestra batería. Es cierto que el Snapdragon 835 promete consumir un 25% menos que el 821 (de nuevo un 25%), y que si encontramos dos móviles idénticos con ambos procesadores, lo recomendable sería apostar por el nuevo chip. Pero esto difícilmente ocurrirá.

La autonomía de un móvil depende de tantos factores que el peso del procesador, y su gestión de la energía, se atenúa.

Podríamos mirarlo, sin embargo, por el lado de la carga rápida. Un perfil de usuario que pase muchas horas en la calle y tenga acceso puntual a enchufes para aplicar pequeñas cargas a su teléfono, por ejemplo, obtendrá más ventajas de Quick Charge 4.0, presente en el Snapdragon 835. Pero de nuevo, un caso muy concreto. Y no olvidemos que el 821 cuenta con Quick Charge 3.0, no llega desarmado a la batalla.

¿Es el Snapdragon 835 más eficiente a nivel energético que el Snapdragon 821? Por supuesto. Pero como os hemos comentado antes, su impacto en la autonomía general no será muy elevado. Elegir uno u otro procesador dependerá, como de costumbre, de que el precio del móvil que vayamos a adquirir encaje en nuestro presupuesto. Y en ese punto, Qualcomm tendrá poco que decir.

Entonces, ¿todo se reduce al precio?

Por desgracia, sí. En el mercado hay tanta variedad de terminales, de tantos rangos de precios y potencias, que no tardaremos en encontrar modelos de smartphone portanto el Snapdragon 835 que sean más económicos que los terminales con el Snapdragon 821. Sobre gustos, presupuestos y otras variables no hay nada escrito.

Lo ideal sería que los fabricantes dejasen a partir de ahora de montar el Snapdragon 821 para pasarse ya al nuevo modelo de procesador, pero todos sabemos que esto no será así. Que en los próximos meses habrá lanzamientos con ambos chips, y que incluso no tardaremos a considerar los smartphones con el Snapdragon 821 como "de segunda fila", por no optar por el chip más nuevo y potente.

Del Snapdragon 821 al Snapdragon 835 hay menos de seis meses. Y el salto en potencia no ha sido radical.

La realidad es que ambos procesadores no son muy distintos entre sí, y que salvo que realicemos actividades con mucha carga de procesador, como edición de vídeo avanzada o ejecución de juegos con gráficos 3D muy pesados, podemos optar por un procesador u otro sin problemas. El 835 es un chip Snapdragon muy potente, como también lo es el 821.

La decisión queda del lado de cada usuario, con sus preferencias y prioridades, pero un móvil de finales de 2016 con el procesador del pasado año no tiene mucho que envidiar a cualquiera que llegue en este primer tramo del año 2017. Y los del año pasado ya estarán más baratos, como dato objetivo. Pero, ¿y qué pasa con las actualizaciones? Ya hemos comentado en muchas ocasiones que no son tan importantes, y ahora os lo recordamos: no lo son.

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