Con tu próximo Galaxy podrás pagar, abrir puertas y emparejar dispositivos Bluetooth como siempre, pero mucho más rápido

La hoja de ruta para 2026 apunta a un NFC hasta 8 veces más rápido y pensado para que un solo toque encadene varias acciones seguidas

Manuel Naranjo

Editor

Hay tecnologías de las sólo te acuerdas cuando fallan. El NFC es justo lo contrario: solo te acuerdas de que está ahí cuando funciona tan bien que ni lo piensas. Pagas, entras, validas una tarjeta de fidelización… y sigues andando como si no hubiera pasado nada.

Por eso lo interesante del siguiente salto del NFC no es más velocidad aparente: que un toque deje de ser una única acción y pase a ser una secuencia completa, sin menús y sin ese baile de otra vez, que no lo ha pillado.

En ese contexto encaja que, al hablar de llaves digitales en móviles Galaxy, ya se insistiera en que la combinación de NFC y UWB es la que marca la diferencia en usos reales como abrir y arrancar un coche sin sacar el móvil del bolsillo.

Qué cambia de verdad: más velocidad para que el toque sea una rutina

La hoja de ruta que se ha adelantado para 2026 apunta a un NFC con rendimiento hasta 8 veces superior. La cifra suena a titular, pero el efecto práctico es más fácil de visualizar: menos tiempo de negociación, menos fallos tontos y más margen para que un mismo toque haga varias cosas seguidas.

Imagina un escenario muy cotidiano: pagas en caja y, en ese mismo toque, se aplica tu descuento del club y se genera el recibo digital sin que tengas que abrir otra app. Esto es literalmente el tipo de ejemplo que se está poniendo como objetivo del estándar.

El NFC funciona tan bien que nos hemos vuelto exigentes. Si falla una vez, la sensación es que esto no va. Parte del plan pasa por mejorar la interoperabilidad en modo lector y, sobre todo, por endurecer las pruebas de certificación entre dispositivos para que el comportamiento sea consistente.

Esto también tiene un punto muy de día a día: cuando cambias de móvil, de reloj o de terminal, quieres que el gesto sea idéntico. Y aquí la estandarización pesa más que el número de GB o el procesador que lleves.

Seguridad y llaves digitales: cuando el NFC deja de ser solo pagar

Otro tema importante es la seguridad. Se habla de un perfil de seguridad para controladores NFC pensado para reforzar el sistema ante amenazas futuras (incluso con el horizonte de la computación cuántica, que ya está en el radar de varias industrias).

Y luego está el salto lógico: llaves digitales. No solo puertas de casa. Coches, accesos corporativos, taquillas, hoteles. De hecho, el propio ecosistema Galaxy ya lleva un tiempo empujando esta idea de móvil como llave, y ahí es donde más se nota cuando una tecnología madura: deja de ser función y se convierte en costumbre.

En todo esto hay un giro curioso: el NFC también se quiere usar para carga inalámbrica de muy baja potencia, en el rango de 1 a 3 W. No es para cargar un móvil, claro. Pero sí encaja con accesorios pequeños que necesitan energía de forma puntual, como auriculares o wearables en escenarios muy concretos.

Y esto explica por qué el NFC se está planteando como algo más amplio que solo pago sin contacto: empieza a parecerse a un lenguaje común entre dispositivos, con acciones, identidad y energía mínima.

Imágenes | Manuel Naranjo

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