Los móviles han pasado de los 2.500 nits del Find X6 Pro a los 8.000 del Huawei Mate 80 Pro Max en apenas tres años
La batería de silicio-carbono deja más margen para subir el brillo, pero la disipación del calor sigue siendo el gran escollo
Después de la batalla por tener cámaras con más megapíxeles o la de las cargas rápidas, la siguiente carrera del sector lleva ya tiempo librándose: la del brillo de las pantallas. Y no tiene pinta de tener techo.
Si en 2023 OPPO abría el camino con los 2.500 nits del Find X6 Pro, hoy el listón está muchísimo más arriba. Los 3.000 nits se han normalizado en la gama más premium y Huawei ha colocado la marca en otra dimensión con los 8.000 nits del Mate 80 Pro Max.
¿Es demasiado brillo? No. Más allá de los memes y de otras competiciones más marketinianas que otra cosa, necesitamos bastante más brillo del que ofrecen los teléfonos. Integrarlo bien supone superar una serie de desafíos.
El brillo es importante para una buena pantalla
Hay dos motivos principales por los que debemos aumentar la luminosidad de los paneles. El primero es para ver con detalle lo que aparece en pantalla cuando estamos a pleno sol. La segunda razón tiene que ver con el consumo de contenido: el HDR de las películas y series requiere un gran extra de luminosidad en los píxeles.
Sea como fuere, el auge de los servicios de streaming por un lado, y el uso del móvil en todas partes, hacen que necesitemos una pantalla lo suficientemente versátil y de calidad para no sufrir con lo que reproduce. Porque la calidad importa, sobre todo ante nuestros ojos.
Obviamente, no podemos pedir las mejores resoluciones, las pantallas OLED con los colores más vibrantes, las tasas de refresco más altas o la entrega de brillo más elevada a un móvil de 200 euros, pero sí a la gama media alta y los modelos más premium. De hecho, entre esas gamas se encuentran los teléfonos con altos picos de brillo y compatibilidad con ciertos estándares HDR.
Nos detenemos en el HDR porque es importante para el consumo de contenido. Grosso modo, la alta gama dinámica tiene como meta ofrecer unas imágenes con una gama de luminancia muy amplia. La luminancia es algo así como la intensidad luminosa o cantidad de luz que una superficie es capaz de proyectar.
Aplicada a la pantalla —de un móvil, una tablet o una TV—, es la capacidad que tiene esta de entregarnos un conjunto de niveles de diferente intensidad luminosa. Y será mayor conforme lo sea el abanico entre las zonas más oscuras y las más iluminadas de la imagen. Resumiendo: la capacidad de entrega mínima y máxima de brillo que tiene una pantalla importa mucho en este contexto (aparte, en la calidad del HDR también influyen el contraste y el espacio de color).
Para hacernos a la idea de los nits de los que hablamos, los estándares HDR10 y Dolby Vision codifican el contenido en picos de brillo de hasta 10.000 nits, bastante más que los picos de 4.000 nits que entregan los televisores más luminosos del mercado (si bien la norma en la gama alta sigue moviéndose entre los 1.500 y los 3.000 nits).
No tendría mucho sentido hablar de tecnologías que alcanzan los 10.000 nits si no hubiera contenidos que lo aprovechen. Así que quédate con el dato: el contenido audiovisual HDR producido en la actualidad codifica picos de hasta 4.000 nits.
...pero hay letra pequeña. Esos 4.000 nits de los modelos más luminosos del mercado corresponden al pico de brillo "oficial" (poco probable que sea medido en las condiciones más estrictas) y se alcanzan cuando la imagen más brillante ocupa poco espacio en la pantalla, con detalles especulares como el sol, destellos de luces, etc.
Resumiendo: 4.000 nits con modos calibrados (que es la forma adecuada de medirlo, porque es como se producen las películas, en monitores profesionales) no lo está logrando ningún televisor. Además, el valor de brillo máximo se da hoy para un 10% de ventana, es decir, un recuadro blanco que ocupa un 10% de la pantalla, con el resto en negro.
Cuando Apple dice que el iPhone 17 Pro Max alcanza 3.000 nits en HDR, se refiere precisamente a eso: a lo que pueden brillar destellos puntuales de la pantalla en vídeos HDR. El brillo con toda la pantalla en blanco es mucho menor. En una TV OLED, por ejemplo, no llega a 200 nits.
Siguiendo con el paralelismo de las teles, necesitamos que alcancen 10.000 nits porque es como se masterizan películas como Mad Max: Fury Road. De lo contrario, obligamos al dispositivo a reducir el brillo máximo para no mostrar luces y colores quemados.
Una aclaración: que una película se masterice a 10.000 nits no significa que toda la película te vaya a dejar ciego: implica que destellos como las llamas de Fury Road tendrán un impacto enorme frente a otras partes de la imagen que pueden ser literalmente negras.
Por tanto, todavía estamos lejos de tener un HDR suficiente para ver a la luz del sol en un día muy soleado, ni para mostrar correctamente, y sin trucos, películas masterizadas a 4.000 o 10.000 nits. Pero nos vamos acercando dentro de lo tecnológicamente posible.
Cada vez es más difícil aumentar el brillo
Un televisor es un dispositivo mucho más grande (y, por ende, con más espacio para integrar componentes electrónicos) y conectado que el teléfono más gigante que podamos encontrar en el mercado. Aun así, ya vemos que, en general, los televisores a duras penas llegan a los 4.000 nits. Hay serias limitaciones en su contra.
La primera cuestión tiene que ver con el consumo de energía. Algo que, si bien es importante en un televisor por cuestiones de eficiencia, en un smartphone es directamente esencial al ser inalámbrico: ni vas a integrar una batería grande y pesada, ni vas a sacrificar su autonomía por dotar a la pantalla de picos de brillo más altos.
Al menos, no parecía viable con las tecnologías de baterías convencionales. Pero las baterías de silicio-carbono ya están aquí y han desencadenado una nueva carrera por la densidad energética que permite meter más mAh en el mismo espacio. Los 6.000 mAh se han convertido en el nuevo estándar en la gama alta, dejando mucho más margen para que el brillo pueda crecer sin castigar la autonomía.
En cualquier caso, tendrán que lidiar con el segundo problema: la disipación de calor. Tanto los televisores como los smartphones son relativamente planos y el espacio interior en ambos casos es escaso. En este escenario, el calor puede provocar el calentamiento del dispositivo, de sus componentes, y comprometer su seguridad e integridad.
Los píxeles de la pantalla son diminutos y disponen de escaso espacio para disipar calor de forma pasiva (de forma natural, por el aire), por lo que la salida pasa por integrar un elemento para la disipación activa. El camino son las cámaras de vapor, la refrigeración líquida o incluso los ventiladores, algo que ya vemos en la nueva ola de móviles gaming como el RedMagic 11 Pro+, el primero producido en masa con circulación de líquido refrigerante similar a la de un PC. Adoptar esta estrategia para modelos de gama alta dirigidos al público general no parece una opción viable desde el punto de vista del diseño, energético ni económico.
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