
Steve Jobs dejó en una entrevista de 1998 una cita sobre diseño de producto que hoy se lee como diagnóstico del mercado móvil
Apple investigaba a sus usuarios pese a la fama de Jobs: su rechazo iba contra preguntar al cliente qué producto quería, no contra escucharlo
Personaje controvertido donde los haya, una de las figuras más reconocidas de la tecnología y pilar para el crecimiento de una de las empresas más icónicas: Steve Jobs nos dejó una buena cantidad de productos. Y de citas: pese a que no era fácil tratar con él, no te ibas de una entrevista sin buen material. Como le ocurrió a BusinessWeek en 1998 (enlace a Web Archive).
El nacimiento de un icono. Apple acababa de presentar el primer iMac y Steve Jobs, como CEO, se encontraba como los actores cuando promocionan su película: de medio en medio haciendo entrevistas. Además, coincidía con otro hecho importante: Steve regresaba a la empresa que fundó junto a Steve Wozniak y Ronald Wayne después de que Apple lo hubiese echado. Ese regreso marcó la senda que ha guiado a Apple hasta nuestros días.
En la entrevista, BusinessWeek le preguntaba a Jobs por los motivos de su vuelta, sobre cómo se había puesto al frente del desarrollo de productos y, algo clave para la época, el medio metió el dedo en la llaga por el precio de partida para el ordenador. El iMac valía 1.299 dólares entonces, unos 2.670 dólares actuales tras calcular la inflación. Ahora quizá no parezca tanto, sobre todo por la crisis de la RAM que nos asfixia, pero en 1998 el mercado del PC clónico estaba en plena explosión. Armarse un PC relativamente barato no era difícil.
El diseño de productos. Steve Jobs mantuvo una estrategia desde antes de fundar la propia Apple: crear productos que sorprendiesen a sus usuarios, únicos, que abriesen una frontera que nadie veía para adentrarse en territorios inexplorados. El iMac fue un buen ejemplo. Luego llegaron otros, como el iPod y, por supuesto, el iPhone. Uno de los últimos hitos de Steve Jobs.
¿Cómo desarrollaba Apple esos productos innovadores? Desde BusinessWeek le preguntaron al CEO si hacían análisis de consumo con la intención de dirigir los dispositivos a lo que demandaban los usuarios de Apple. Steve, fiel a su carácter, soltó una perla que decía mucho de su carácter rupturista:
“Tenemos muchísimos clientes y contamos con mucha investigación sobre nuestra base instalada. También seguimos muy de cerca las tendencias de la industria. Pero, al final, para algo tan complicado, es muy difícil diseñar productos a partir de grupos de discusión”.
“Muchas veces, la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas. Por eso mucha gente en Apple cobra mucho dinero: porque se supone que deben estar al tanto de estas cosas”.
Una mirada premonitoria del mercado. La cita destila aires de grandeza de alguien arrogante, y lo cierto es que lo era. Pero dejaba las cosas más claras de lo que parece: Apple sí investigaba a sus usuarios y sí vigilaba el mercado. El aparente desprecio de Jobs no iba contra escuchar al cliente y valorar su opinión, sino contra preguntarle directamente qué producto quería. Casi tres décadas después, con cada fabricante presentando el mismo móvil una y otra vez, la frase se lee menos como soberbia y más como diagnóstico. Nos hace falta romper más fronteras y pisar menos la senda trillada.
Imagen de portada | Montaje con foto de Wikimedia e Iván Linares
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