Las aerolíneas se están poniendo las pilas para que tengamos WiFi en el avión. Y puede convertirse en nuestro mayor error

Conexion Wifi Aviones
  • Cada vez más aerolíneas ofrecen WiFi gratis en el avión

  • Perdemos así uno de los pocos reductos de desconexión que nos quedaban

Noelia Hontoria

Editora

“Despegamos. Te escribo al aterrizar”. Cinco palabras que están en peligro de extinción. La llegada masiva de Starlink a los aviones está provocando que lo que era un momento de desconexión absoluta se convierta en una excusa más para ser productivos y seguir enganchados a nuestra vida digital.

Hoy en día, el verdadero lujo es desconectar, poder estar sin cobertura. Pero con este tipo de avances logramos justo lo contrario. ¿Es interesante que tengamos WiFi gratis en los aviones? Sin duda. Pero que nos quede claro que esa solo es la cara de la moneda: en la cruz encontramos un precio muy alto a pagar.

La trampa de la hiperconectividad

Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. O lo que es lo mismo: ni la desconexión forzosa es una desventaja, ni el poder estar siempre conectado todo son beneficios. El problema es que pasamos más horas mirando una pantalla de las que podemos reconocer sin sonrojarnos. Y esa “invitación” a poner el modo avión durante un vuelo era, en cierta medida, una excelente forma de obligarnos a desconectar durante un rato.

Al tener WiFi también en nuestros trayectos entre las nubes, inevitablemente estamos perdiendo ese “santuario” de paz: esas dos, tres o cuatro horas sin distracciones más allá de nuestros propios pensamientos o del entretenimiento que previamente nos hubiésemos preparado en casa. Tener la tentación de conectarnos al WiFi del avión nada más sentarnos en nuestro asiento es, en cierto modo, una manera de decirle a nuestro cerebro que necesita estar siempre disponible, siempre productivo, siempre pendiente de lo que está sucediendo.

El avión era uno de los pocos reductos en los que el ocio pasivo se manifestaba todavía en nuestros días. Frente a la necesidad de aprovechar el tiempo para contestar esos correos pendientes, un vuelo sin internet nos invita a retomar lecturas, hacer pasatiempos o, simplemente, hablar con nuestro vecino de asiento.

El punto intermedio

Personalmente, sigo sin revisar si la aerolínea me ofrece internet en vuelos cortos, aunque sé que cada vez es más habitual. Puedo (y deseo) tener la excusa de pasar unas pocas horas leyendo un libro o simplemente mirando por la ventanilla sin nada más que hacer.

En los vuelos muy largos el cuento cambia ya que ahí, por puro aburrimiento y por el cansancio que me producen esos viajes extremadamente largos, sí que agradezco tener más opciones para que el tiempo corra más rápido.

Y creo que esa es precisamente la clave: no consiste en darle la espalda a los avances, sino en saber qué es lo que más nos conviene en cada momento. Y, aun así, perder ese ratito de paz que nos regalaba el “modo avión” sigue pareciéndome un gran error.

Imagen de portada | Generada con ChatGPT

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