El riesgo de que demasiadas alertas desensibilicen a los usuarios puede reducir la eficacia del sistema
La controversia incide sobre cuándo debe enviarse una alerta real, según expertos y experiencias internacionales
Las notificaciones de emergencias pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. El sistema ES-Alert, que lleva en vigor en España desde 2022, se ha mostrado eficaz en los avisos recientes; con la demostración de que su ausencia, o un envío tardío, amplía las dimensiones de la catástrofe. El problema es: ¿cuántas alertas son demasiadas alertas? ¿Puede la saturación provocar el efecto contrario al que se busca?
Dos alertas en cuatro días. Esta misma semana hemos vivido en Barcelona el despliegue de dos ES-Alert. El lunes por la mañana tuvo lugar un simulacro, y ayer por la noche recibimos un aviso de lluvias torrenciales. Esto ha desencadenado en críticas ante un posible exceso de alertas. Sobre todo por un supuesto uso poco preciso de la herramienta.
Según critican expertos en meteorología, las alertas de ES-Alert deberían enviarse ante verdaderos peligros inminentes y cuando la situación implica una emergencia real para la zona, no solo si existe un peligro que podría hacerse efectivo en las próximas horas. Aquí radica la diferencia entre avisar (notificar un riesgo futuro, como ocurrió ayer en Barcelona) y alertar (comunicar un peligro inminente).
Qué establece ES-Alert. Protección Civil es la encargada de emitir las alertas en función de lo que establecen las autoridades. No hace distinción entre los términos semánticos de «alertar» y «avisar», Protección Civil detalla lo siguiente:
«El mensaje de alerta incluirá normalmente información sobre el riesgo que ha provocado la alerta, sus consecuencias observadas o previsibles y, en su caso, las acciones a tomar por las personas que reciben la alerta».
Dado que la meteorología nunca podrá ser 100 % precisa, Protección Civil siempre habla de riesgos previsibles como motivación para enviar un ES-Alert. Y aquí entra en juego el criterio de cada gobierno: como la DANA de Valencia marcó un antes y un después en el envío de ES-Alert, las autoridades prefieren no jugársela.
Que viene el lobo. La fábula infantil es la metáfora perfecta de lo que puede ocurrir con el posible exceso de avisos de emergencia: podríamos recibir tantas que, cuando una nos ponga realmente en peligro, quizá no le hagamos caso. Es una de las principales críticas. No solo en España.
¿Qué ocurre en otros países? Llevamos tres años con el sistema ES-Alert implantado en España y pasaron dos años desde una de las primeras veces donde se utilizó ante una emergencia real: la alerta de la Comunidad de Madrid en septiembre de 2023. En otros países las alertas en los móviles llevan más tiempo. Como Holanda, Bélgica o Estados Unidos. La mayoría también ha sufrido críticas.
Un análisis de servicios de emergencia en el móvil llevado a cabo en Europa ya evidenciaba el posible hartazgo de la ciudadanía y la consecuente pérdida de efectividad de las alertas. En concreto:
«Es importante no convertir la información útil en una sobrecarga de información, y en la consiguiente fatiga del usuario».
En Estados Unidos ocurre algo similar: las autoridades se han comprometido a reducir el número de avisos de emergencia para evitar que los usuarios no se las tomen en serio. Según la FCC estadounidense, su sistema de alertas inalámbricas de emergencia (WEA) ha emitido más de 96.000 avisos desde su creación en 2012.
Tiene nombre: «fatiga de alertas». O «alert fatigue», un término que hace referencia a la insensibilización ante un exceso de avisos importantes. Supone un auténtico riesgo para la eficacia de sistemas como el ES-Alert. Porque cuando el móvil suena demasiadas veces, el peligro deja de parecer urgente.
Imagen de portada | Iván Linares
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