Es el turno de Digi para demostrar que se puede gestionar mejor el uso de varias redes móviles a la vez
Fue una de las grandes promesas de Yoigo, el cuarto operador que llegó a España con red propia: ofrecer una triple cobertura casi imbatible para garantizar conexión hasta en el rincón más escondido. Sobre el papel, la idea sonaba a un seguro infalible: si la red principal fallaba, había dos planes de respaldo de gigantes como Orange y Movistar esperando.
Lo curioso es que esa ventaja, vendida durante años como un punto fuerte, ha acabado desapareciendo sin hacer ruido. En 2025, la red propia de Yoigo ha dicho adiós, y con ella se esfuma el sistema de la triple conexión. Este movimiento no es solo un cambio técnico en la infraestructura. Es la confirmación de que la complejidad, por muy bien intencionada que esté, rara vez se traduce en una mejor experiencia para el usuario si no se ejecuta debidamente. Pero, ¿por qué falló una idea tan prometedora?
La complejidad oculta tras el triple salto de red
El origen de la triple cobertura de Yoigo se remonta a la necesidad. Su red propia, limitada inicialmente a grandes ciudades, necesitaba el apoyo de otros operadores para ser nacional. Primero fue un acuerdo de roaming con Movistar. Diez años después, en 2016, Yoigo sumó un segundo acuerdo preferente con Orange, pero sin cancelar el primero con Telefónica.
De repente, la SIM de Yoigo (y la de muchos OMV que usaban su red) tenía tres posibilidades de conexión: la suya propia (prioritaria), la de Orange (secundaria) y la de Movistar (tercera opción). Para el usuario, era completamente transparente: el móvil se conectaba automáticamente a la red que el sistema decidía que tocaba en ese momento. Pero justo ahí residía el talón de Aquiles de la estrategia.
Yoigo implementó un sistema automático de priorización muy estricto: primero su red, luego Orange y después Movistar. El problema fundamental era que esta jerarquía no consideraba la calidad real de la señal en la ubicación específica del usuario, sino que aplicaba una regla general. Podías estar justo al lado de una antena Movistar potente, pero si el móvil detectaba una señal mínima de Yoigo, aunque fuera débil y saturada, se conectaba a la red prioritaria por defecto.
En la práctica, esta rigidez significaba que el usuario a veces se quedaba 'pegado' a la red propia de Yoigo con una calidad de servicio deficiente, en lugar de saltar a la red de respaldo de Orange o Movistar que podía ofrecer un 4G o 5G mucho más estable y rápido en ese punto. El sistema priorizaba la propiedad de la red sobre la eficiencia del servicio.
Los ‘handover’ invisibles que arruinaban la experiencia
El segundo gran quebradero de cabeza del modelo de Yoigo se producía cuando el móvil se veía forzado a saltar entre estas tres redes. Este proceso de transferencia de una red a otra, conocido técnicamente como handover, no estaba bien gestionado.
Imaginemos que vas en el coche, el móvil pasa de estar conectado a la red 4G de Yoigo a una zona de cobertura 3G de Movistar, por ejemplo. Al ser infraestructuras y, en ocasiones, tecnologías totalmente diferentes, el traspaso no era limpio. Estas transiciones entre redes generaban pérdidas momentáneas de servicio que el sistema no gestionaba de manera adecuada, provocando que, durante unos segundos, el móvil se quedara simplemente sin servicio o en silencio en medio de una conversación. En el mejor de los casos, solo era un pequeño corte; en el peor, una interrupción de una llamada o de una descarga.
Para evitar estos problemas, se necesitan protocolos de handover muy sofisticados (como los de make-before-break o estándares avanzados) que establezcan la nueva conexión antes de cerrar la anterior, minimizando las interrupciones. El sistema de Yoigo, basado en acuerdos de roaming tradicionales, demostró no estar a la altura de esta complejidad.
La simplificación como estrategia: el fin de la triple red
La fusión entre Orange y MásMóvil (la matriz de Yoigo) ha puesto punto final a este experimento. Al consolidarse las infraestructuras, se ha decidido desmantelar la red propia de Yoigo para reducir duplicidades y costes. Este movimiento ha simplificado radicalmente el panorama para sus clientes: ahora, todos dependen principalmente de la cobertura de Orange.
El resultado es que, aunque la triple opción ha desaparecido, la experiencia de usuario ha ganado en estabilidad y consistencia. Al depender de una única red principal (la de Orange) o como máximo de una segunda (Movistar), se eliminan los saltos problemáticos y los conflictos de jerarquía. Los usuarios han cambiado una promesa de "tres redes" por una realidad de "una red, pero más estable".
¿Aprenderá Digi de la lección de Yoigo?
La mirada ahora se dirige a Digi, que ha empezado a desplegar su red propia mientras usa la de Movistar como respaldo. La situación es similar a la que dio origen a Yoigo, pero con una diferencia clave: Digi y Movistar han firmado un acuerdo de mayor nivel conocido como RAN Sharing Activo.
Este tipo de acuerdo es más profundo, ya que implica que los operadores comparten los equipos de red y parte de la infraestructura, no solo el acceso. Esta integración limita drásticamente la aparición de problemas de handover o de priorización fallida que lastraron la experiencia de Yoigo. Si la tecnología se usa de forma inteligente, podría demostrar que el modelo de red propia más respaldo es viable, pero solo si la complejidad de las transiciones queda oculta y resuelta en la infraestructura, y no a costa de la señal del usuario.
En Xataka Móvil | Que no te líen: esta es la verdad sobre el 5G y el 6G.
Ver todos los comentarios en https://www.xatakamovil.com
VER 3 Comentarios