El smartphone se ha convertido en una extensión de nuestra vida, una herramienta tan omnipresente que su ausencia de funcionalidad se siente como un vacío crítico. En España, la cobertura móvil presume de alcanzar a casi la totalidad de la población, un dato que oculta una realidad mucho más compleja: la España sin señal. ¿Qué ocurre cuando ese dispositivo, que garantiza nuestra conexión y, potencialmente, nuestra seguridad, se convierte en un ladrillo inútil?
Esta desconexión no es solo un problema de incomodidad digital; es una cuestión que afecta directamente a la seguridad. La llamada al 112, el número de emergencias universal, se asume erróneamente como un servicio mágico que funciona siempre. Lo que pocos saben es que para que el 112 funcione, es imprescindible que haya señal de, al menos, un operador móvil en la zona, aunque no sea el nuestro. La falta de cobertura es, por tanto, una brecha de seguridad pública que se ceba en territorios específicos, dejando al ciudadano a merced de la geografía.
Ordesa y el desafío de la cobertura cero
El Valle de Ordesa y Monte Perdido, en el Pirineo aragonés, es un paraíso natural y uno de los ejemplos más dramáticos de estos "puntos negros" de cobertura. En muchas de sus sendas, cañones y picos, el teléfono sencillamente no encuentra red. Lo que en un entorno urbano se traduce en la imposibilidad de revisar redes sociales, en la montaña significa la diferencia entre un susto y una tragedia.
Imaginemos a un montañista que sufre un accidente grave, una caída o un problema de salud. Su primera reacción es llamar a emergencias. Si se encuentra en una de las muchas "zonas de sombra" como en el valle de Ordesa, su móvil no podrá conectar con el 112. Tendrá que desplazarse si le es posible. O esperar a que en caso de encontrarse con otro montañista, éste vaya a una zona con cobertura para pedir ayuda. En cualquier caso, la espera puede hacerse demasiado larga.
El problema es inherente a la orografía: la inversión para instalar y mantener antenas en valles profundos, rodeados de paredes de roca y con accesos complicados, es inmensa. Dado que la densidad de población y la rentabilidad esperada son mínimas, las operadoras priorizan las zonas con mayor concentración de usuarios. Esto deja a parajes de alto valor turístico y de gran afluencia de excursionistas, como Ordesa, en una situación de vulnerabilidad crítica.
El gran agujero de la España vaciada
El caso de Ordesa es uno de los representativos por sus consecuencias dramáticas en la seguridad, pero es sintomático de un problema estructural mucho más amplio. En España, existen unos de 128 municipios donde la cobertura es prácticamente nula o extremadamente deficiente, sin conexión garantizada con ningún operador.
Estos municipios suelen formar parte de la llamada "España Vaciada", áreas rurales con baja densidad demográfica, donde la infraestructura de telecomunicaciones no ha llegado por la misma razón que en la alta montaña: la falta de rentabilidad empresarial. En estas zonas, no se trata solo de no poder ver un vídeo en alta definición; se trata de que las personas mayores no pueden llamar a sus familiares en caso de emergencia, de que los negocios locales no pueden operar digitalmente y de que se dificulta, aún más, el asentamiento de nuevos habitantes o la actividad del teletrabajo.
La ausencia de cobertura en estos 128 pueblos no solo afecta a los residentes. Afecta a cualquier persona que circule por sus carreteras o caminos. La solución no pasa por sembrar el territorio de antenas de cada operador, sino por forzar un uso compartido de infraestructuras (el roaming nacional en emergencias, por ejemplo) o establecer más planes públicos de inversión para dotar de conectividad a estas áreas bajo la premisa de que es un servicio esencial, y no un lujo comercial.
Estrategia y soluciones posibles
No se trata de señalar a una sola operadora. El problema de la cobertura es compartido, ya que cada compañía prioriza sus propios despliegues. La competencia de precios en el sector ha presionado a la baja los márgenes, lo que reduce el incentivo a invertir en áreas geográficas costosas y poco pobladas.
La estrategia detrás de esta falta de inversión es puramente económica: los recursos se destinan a las zonas donde el retorno es inmediato. Sin embargo, en el contexto actual, la conectividad se ha consolidado como un derecho fundamental para la participación social y económica.
Por ello, es necesario un equilibrio en la política pública: subvencionar las infraestructuras en zonas de riesgo o despobladas y, al mismo tiempo, obligar a que al menos un operador despliegue red para garantizar la llamada al 112, independientemente de la operadora del usuario. Tecnologías como las redes satelitales tipo Starlink ofrecen una alternativa técnica a la dependencia de las antenas tradicionales en estos entornos complejos, pero de momento no en España.
La tecnología está ahí, pero la voluntad política y el modelo de negocio deben adaptarse a una realidad: el móvil es la última línea de defensa en muchas emergencias. Permitir que existan zonas en las que no se pueda llamar ni al 112 es una anomalía que ninguna sociedad avanzada debería aceptar en el siglo XXI. La seguridad de todos, desde el montañista en Ordesa hasta el vecino del pueblo más remoto, debería estar por encima del balance de resultados.
En Xataka Móvil | El mapa que siempre consulto para saber si hay cobertura de fibra y móvil 5G, es preciso y me ahorra mucho tiempo.
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