
Ocho años después, Huawei llega al juicio siendo una empresa mucho menos dependiente de EEUU
Estados Unidos quiso limitar el acceso de Huawei a su tecnología. El bloqueo terminó transformando a la empresa
Parece que fue ayer cuando nos enteramos de las medidas estadounidenses contra Huawei, pero no: ya han pasado más de ocho años. Y seguro que no transcurrieron nada rápido para la marca, porque sufrió un enorme varapalo del que podría no haber salido. Pero lo hizo. Con una lección aprendida: ser independiente lo máximo posible. Ahora, después de ocho años, el juicio está listo en el país que le impuso las sanciones.
La cronología. 2018 fue un año convulso para Huawei a nivel internacional. Arrancó el año con un bloqueo de sus teléfonos en las principales operadoras de Estados Unidos; después, el Pentágono elevó el tono contra la empresa además de contra ZTE; Best Buy, una de las tiendas de electrónica más importantes de Estados Unidos, dejó de vender dispositivos de Huawei; otros países se sumaron a las acciones contra Huawei, como Australia y Nueva Zelanda, y a finales de año a la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, la detuvieron en Vancouver.
En 2018 arrancaron las acciones legales contra Huawei en un juicio que ha estado preparándose durante ocho años. Un lapso eterno para una marca que ha tenido que reinventar su negocio, desde el dedicado a las redes de comunicación como a los smartphones. Porque 2018 solo fue el principio: con la entrada de Huawei en la Entity List estadounidense, en mayo de 2019, los proveedores internacionales de software y hardware lo tuvieron complicado para comerciar con la marca china.
Llega el juicio. Huawei se enfrenta a duras acusaciones por parte de Estados Unidos. Dichas acusaciones son de blanqueo de capitales, fraude bancario, violación de las sanciones impuestas a Irán y robo de secretos comerciales.
En el juicio se acusa a Huawei de controlar una empresa que hacía negocios en Irán, Skycom, y que a través de ella accedía a tecnología estadounidense. Además, Skycom, siempre según Estados Unidos, le permitía a Huawei mover pagos a través de bancos internacionales y acceder a negocios en nombre de esa empresa. Huawei niega las acusaciones.
Lo que Estados Unidos quería parar ha terminado sucediendo. Trump y su administración pretendían reducir la capacidad de Huawei. Al quitarle mediante sanciones el acceso a las principales fuentes de tecnología occidental, la empresa china debería haber colapsado en favor de las compañías de Estados Unidos. Y ha ocurrido al contrario: Huawei hizo de la necesidad una virtud.
Ha desarrollado un sistema operativo propio, mantiene sus chips Kirin y los fabrica íntegramente en China aprovechando a SMIC, diseña servidores destinados a la IA, Huawei es líder en gestión eléctrica de autoconsumo y continúa siendo uno de los pilares en equipos de redes 5G.
La paradoja. Estados Unidos va a juzgar una una etapa de Huawei que queda muy lejos ahora mismo. Aquella que utilizaba Android, chips fabricados por TSMC y que tenía establecida una nutrida lista de clientes occidentales. Las sanciones la han obligado a transformarse. Por muchas conclusiones que tenga el juicio, su impacto tecnológico será muy distinto del que habría tenido hace ocho años. En el económico seguramente no ocurra lo mismo: las multas podrían ser considerables.
Imagen de portada | Iván Linares
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