
La mitad de los escolares gallegos de quinto y sexto de Primaria tiene un smartphone propio
Uno de cada diez consume pornografía de manera habitual
El debate sobre la prohibición o la regulación del acceso a las redes sociales por parte de los menores está más vivo que nunca en la sociedad española. A la espera de que el Gobierno encuentre un sistema de verificación efectivo, UNICEF ha publicado los resultados de un estudio sobre el impacto de la tecnología en la infancia y adolescencia. Y las cifras para Galicia —que van en la línea del resto del país— confirman que el uso de móviles es ya una cuestión de salud pública.
El informe titulado «Infancia, adolescencia e benestar dixital en Galicia 2026» ha sido elaborado por UNICEF en colaboración con la Universidad de Santiago y el Ministerio para la Transformación Digital, entre otras entidades. Sus conclusiones evidencia una adopción de la tecnología muy temprana, una preocupante falta de límites en los hogares y un impacto en el bienestar emocional de los niños y niñas gallegos.
Acceso temprano sin supervisión
Los datos que arroja el estudio no dejan lugar a dudas sobre la magnitud del fenómeno. La edad media a la que los menores gallegos acceden a su primer teléfono móvil se sitúa en torno a los 11 años. Esta cifra concuerda con las tendencias a nivel nacional, donde la adopción del móvil antes del instituto se ha normalizado.
Pero lo que más inquieta a los expertos no es solo el dispositivo, sino lo que hay dentro de él. Prácticamente el 80% (un 78,3%) de los alumnos de quinto y sexto de Primaria en Galicia ya tiene un perfil activo en al menos una red social.
Si nos fijamos en la propiedad del smartphone, la escalada es vertiginosa: el 51,6% de los niños de quinto y sexto poseen móvil propio, porcentaje que se dispara hasta el 85,1% en primero de la ESO y roza el 96% en segundo curso.
El tiempo de conexión también dice mucho: un 19,9% de estos menores confiesa pasar más de diez horas conectados a las redes solo durante el fin de semana. Además, parece que hay una falta de desconexión: un 44,3% lleva el terminal al colegio y un 41,2% duerme con él en su habitación.
Como subraya Irene Marín (coordinadora del Comité Galicia de UNICEF) en el programa La Ventana de Galicia (de la Cadena Ser), "el acceso es cada vez más temprano, pero lo que realmente preocupa es el uso y el acompañamiento. El cerebro aún está en desarrollo; no somos conscientes de los riesgos en los que esto puede derivar".
Salud mental y contenidos inadecuados
El uso de las pantallas ya está pasando factura psicológica a los jóvenes. El informe refleja también que un 13,5% de los menores está experimentando malestar emocional con síntomas como ansiedad, depresión o somatización. En este contexto, corrobora que existe una brecha de género: las adolescentes sufren el doble (10,2% con síntomas frente al 4,8% de los chicos) debido a la presión por mantener una imagen idealizada en las plataformas.
Junto a la salud mental, el acceso sin filtros a contenidos para adultos y la violencia en la red dibujan un escenario peculiar. Según el informe de UNICEF:
- Uno de cada cuatro menores en Galicia juega a videojuegos clasificados para mayores de edad, y un 70% consume videojuegos violentos.
- Uno de cada diez infantes gallegos consume pornografía de forma habitual.
- Las redes exponen a los menores a desconocidos: un 33,7% admite haber aceptado solicitudes de personas que no conoce, un 57,2% ha conversado con ellas y un 5,9% de los menores de 16 años ha recibido proposiciones sexuales.
- Un 25,1% de los menores ha recibido mensajes con contenido sexual y casi un 3% asegura haber sufrido chantaje con material íntimo.
Por su parte, Antonio Rial Boubeta, profesor de psicología de la USC y director de la investigación, advertía durante la presentación de los resultados que el uso del móvil es "un problema de salud pública" y que las redes pueden ser "una trituradora a nivel mental".
El ejemplo adulto
Los datos reflejan que las herramientas han ido más rápido que la madurez de los menores, pero también que hay una carencia de alfabetización digital y supervisión por parte de los adultos. Rial Boubeta insistía en la "necesidad imperiosa de que los padres no caigan en la miopía digital".
De hecho, la investigación evidencia de igual manera que el comportamiento de los progenitores influye en los hábitos de sus hijos. Comer con el móvil en la mesa —el 24,7% de las familias lo hacen— duplica los casos problemáticos en menores y aumenta su interacción con desconocidos. Es más, un 60% de los padres no pone límites y apenas un 36% sabe lo que publican en redes sociales.
Entonces, ¿qué se debe hacer? Marín comenta que la clave es encontrar el equilibrio:
"Tiene que haber mediación parental, estrategias de acompañamiento, pero también medidas restrictivas. Tenemos que poner límites tanto al tiempo de uso como a los contenidos que ven o comparten"
Al mismo tiempo, los expertos señalan la necesidad de promover alternativas de ocio y espacios de desconexión, ya que, según revela el estudio, seis de cada diez adolescentes piden desconectar y demandan precisamente eso: otras opciones alejadas de la pantalla.
Imagen de portada | Helena Jankovičová Kováčová para Pexels
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