Mark Zuckerberg piensa que el móvil va a desaparecer. El problema es que la alternativa no nos gusta nada

  • Las gafas inteligentes y las grabadoras con inteligencia artificial cada vez están más presentes

  • Los magnates de las grandes tecnológicas creen que van a cambiar la forma de utilizar el móvil

Noelia Hontoria

Editora

No es la primera vez que uno de los representantes de las grandes tecnológicas vierte su opinión acerca del fin del móvil en el futuro. Al menos, tal y como lo conocemos hoy en día. Elon Musk, Bill Gates, Mark Zuckerberg o Sam Altman creen que los smartphones tienen los días contados. Y es algo que tiene bastante sentido considerando que cada vez el ecosistema de dispositivos inteligentes es más amplio.

Gadgets como el AI Pin de Humane lo intentaron, con más pena que gloria. Tal vez llegaron demasiado pronto. Pero hay otra familia de wearables que sí están empezando a ganar cada vez más protagonismo, a la vez que despiertan el rechazo entre un nutrido grupo de la población: las gafas y micrófonos inteligentes.

Las gafas inteligentes como sucesor del móvil, según Mark Zuckerberg

Están dejando de ser una rareza y empiezan a democratizarse. Las gafas inteligentes ya están a la venta en algunas tiendas a pie de calle y, más allá de Meta, la competencia comienza a lanzar sus propias alternativas, como las Xiaomi AI Glasses.

Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Meta, cree que las gafas inteligentes pueden ser las sucesoras del teléfono móvil. Y le ha puesto fecha: en 2030 ya apenas sacaremos el smartphone del bolsillo. Aquí la inteligencia artificial tiene mucho que ver: permiten hacer un uso del tiempo mucho más natural y social, sin dejar de lado las posibilidades que la tecnología nos brinda.

El problema está donde siempre: en la privacidad. Entre los jóvenes hay mucha curiosidad por este tipo de dispositivos, pero también rechazo. Sienten temor de ser grabados sin su consentimiento.

En realidad, ya hay antecedentes de esta pesadilla que se hizo realidad. Desde sucesos locales, como el que ocurrió en Barcelona y que se saldó con la detención de un hombre que había grabado 329 vídeos sin el conocimiento ni consentimiento de las mujeres filmadas, o el curioso caso de la chica que fue a un centro de belleza a hacerse la depilación brasileña y la persona que la atendió llevaba puestas las Ray-Ban Meta. Lo contó en TikTok y el vídeo suma ya más de siete millones de visualizaciones.

Recientemente, he vivido una situación similar. Me encontraba en un evento social charlando con un grupo grande de personas: una de ellas llevaba las Ray-Ban Meta y la otra llevaba el dispositivo Plaud.

La presencia de este tipo de dispositivos no pasó inadvertida y rápidamente generó cierto rechazo por parte del grupo: nadie quería ser filmado sin su consentimiento ni que sus conversaciones fueran grabadas e interpretadas por una IA. Sin que nadie se lo pidiera y a la vista del momento incómodo que supuso esa situación, la persona que llevaba el dispositivo Plaud se lo quitó y lo metió en su bolso.

Las gafas inteligentes que Zuckerberg interpreta como el siguiente paso lógico en la evolución de nuestra vida digital despierta bastante controversia. Y trae un interesante debate: no nos importa que un móvil (equipado con cámara, micrófono, inteligencia artificial y cientos de aplicaciones instaladas) esté sobre la mesa mientras comemos con otra persona, pero sí nos despierta confusión y rechazo cuando estos mismos elementos se encuentran en otro tipo de productos. Ni siquiera el hecho de que cuenten con una luz LED que indica si están encendidos o no es suficiente para llamar a la confianza.

La privacidad va ganando terreno. La Gen Z, la generación más conectada de la historia, se resiste a confiar en este tipo de dispositivos. Es la misma generación que empieza a mostrarse más cautelosa con lo que comparte públicamente, especialmente porque saben que esto puede afectar a su reputación profesional.

Mientras, según datos de la firma de investigaciónd de mercado IDC, el mercado de las gafas de realidad aumentada sigue creciendo, con Meta en cabeza, que ya tiene una cuota de mercado del 50,8%. Se prevé que las ventas de este tipo de dispositivos pasen de los 3,3 millones de unidades en 2025 a más de 15,2 millones de unidades en 2029.

Imágenes | Xataka

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