
El eurodiputado defiende que el marco legal blindará el acceso y la aceptación obligatoria del efectivo en toda la UE
Su compañero, Markus Ferber, recalca que el BCE tendrá menos información que la banca privada
La llegada del euro digital ha estado rodeada desde sus inicios de un intenso debate político, dudas sobre la privacidad ciudadana y presiones por parte del sector bancario más tradicional. Ante las suspicacias, los principales legisladores del Grupo del Partido Popular Europeo (PPE) han salido al paso de las narrativas que dibujan un futuro sin dinero físico y bajo vigilancia.
"El euro digital complementará al efectivo, no lo sustituirá", ha afirmado Fernando Navarrete Rojas, eurodiputado del PPE y negociador del Parlamento para el paquete de la moneda digital. Sus declaraciones buscan afianzar la confianza tras el paso al frente del Parlamento Europeo que desbloqueó el marco legal de la divisa superando los intentos de bloqueo de la extrema derecha.
Privacidad garantizada y protección legal del efectivo
El núcleo del discurso de los legisladores europeos se centra en desmentir que la digitalización financiera equivalga a control social: "Circula una narrativa que describe un futuro en el que los pagos digitales se supervisan y controlan", advirtió Navarrete.
Frente a estos temores, el eurodiputado aseguró que el euro digital aportará más privacidad que los medios actuales y mayor resiliencia ante cortes de internet o del suministro eléctrico. No se trata de una herramienta de vigilancia, insistió, sino de una garantía europea consagrada por ley que protege la forma en la que decidimos pagar.
Por su parte, el portavoz del Grupo PPE, Markus Ferber, respaldó esta postura confirmando de forma categórica que "el BCE no podrá ver en qué gastan los usuarios". De hecho, subrayó que el banco emisor tendrá acceso a mucha menos información de la que hoy recopilan y explotan los bancos.
Para intentar zanjar el debate sobre el adiós al dinero en metálico, la nueva normativa obliga a los Estados miembros a garantizar un acceso real al efectivo, especialmente en zonas rurales y despobladas. Además, impone a los comerciantes el deber de aceptar billetes y monedas cuando el pago se haga presencial.
Resiliencia geopolítica frente a los sistemas extranjeros
Más allá de los hábitos de consumo, la aceleración de este proyecto responde a una urgencia geopolítica ineludible para el viejo continente. La Unión Europea busca reducir su dependencia de los sistemas de pagos extranjeros, dominados por gigantes como Visa o Mastercard.
"En un mundo marcado por las tensiones geopolíticas, ya no podemos aceptar que los pagos digitales dependan en gran medida de la buena voluntad de unos pocos proveedores extranjeros", sentenció Ferber. El PPE piensa similar: su objetivo es ofrecer una alternativa pública y segura, según el comunicado.
Para los legisladores, el paquete es redondo porque protege el efectivo como medio universal y añade una opción propia. Según resumió Ferber, la meta es simple:
Europa también observa con preocupación la expansión de las stablecoins respaldadas por el dólar. Aunque voces críticas como la de la consejera del Banco de España advierten que aislarse de los criptoactivos podría restar competitividad a las empresas, el Parlamento fía su plan a la soberanía que otorgará el futuro euro digital.
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