Movistar al fin tiene vía libre para ser más agresivo con sus ofertas. Y eso se debe a otra buena noticia: que hay más competencia

La CNMC desregulará el mercado de la banda ancha fija en 2026 y Telefónica quedará liberada.

plokiko

Colaborador

Tras años bajo la lupa de los reguladores, Telefónica, a través de su marca Movistar, ve por fin cómo se le sueltan las amarras. Tal y como adelanta Expansión, la CNMC ha aprobado una nueva norma que supone un punto de inflexión histórico: la desregulación total del mercado de banda ancha fija en España.

Una decisión que dará a Telefónica más margen de maniobra comercial y que, paradójicamente, ha sido posible gracias al elevado nivel de competencia alcanzado en el sector.

Una regulación que viene de lejos… y que ya tiene fecha de caducidad

Durante años, Telefónica ha estado obligada por la CNMC a alquilar su red de fibra óptica a sus competidores a un precio regulado. Este mecanismo tenía un objetivo claro: evitar que un operador históricamente dominante como Telefónica pudiera abusar de su posición y garantizar que los nuevos operadores tuvieran acceso a infraestructuras clave sin necesidad de desplegar la suya propia desde cero.

Pero ese modelo tiene los días contados. El la CNMC ha aprobado el análisis de los mercados de acceso local y acceso central, es decir, los mercados que permiten a los operadores ofrecer servicios de banda ancha sobre redes fijas, y ha concluido que ya no cumplen los requisitos para ser regulados ex ante. En palabras claras: ya no hay justificación para imponer obligaciones específicas a Telefónica. La liberalización será total.

La resolución entrará en vigor seis meses después de su publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE), lo que significa que será efectiva en febrero de 2026. A partir de entonces, Telefónica dejará de estar regulada en el mercado de banda ancha fija.

¿Qué seguirá regulado? El acceso a las canalizaciones

Eso sí, hay un matiz clave: se mantiene la obligación de seguir alquilando las infraestructuras físicas de Telefónica, como canalizaciones subterráneas, arquetas o postes. Esta normativa, conocida como MARCo, ha sido la base del despliegue de redes de fibra óptica de la mayoría de operadores alternativos como Masorange, Digi, Onivia, Avatel o Vodafone.

Gracias a MARCo, España cuenta hoy con una de las redes de fibra más densas de Europa: más de 80 millones de accesos para apenas 30 millones de unidades inmobiliarias (viviendas, oficinas y locales). Un escenario donde la fibra óptica sobra, y donde difícilmente puede sostenerse que Telefónica siga siendo un actor hegemónico.

El porqué de esta decisión: competencia real y nuevos gigantes

El cambio regulatorio no llega por casualidad. Dos grandes factores han convencido a la CNMC para dar este paso:

  1. El fuerte despliegue de redes alternativas desde la última revisión del mercado en 2021, incluyendo la aparición de una docena de nuevos operadores mayoristas independientes.
  2. La creación de Masorange, fruto de la fusión entre MásMóvil y Orange España, que ha dado lugar al nuevo líder del mercado español por número de clientes, superando incluso a Telefónica en este aspecto.

Con este nuevo mapa competitivo, la idea de un mercado dominado por un solo operador ya no se sostiene. La pluralidad de redes y actores, junto con la consolidación de grandes grupos alternativos, permite eliminar las limitaciones sin poner en riesgo la competencia.

¿Qué cambia ahora para Telefónica?

Para Movistar, esta desregulación es mucho más que un gesto simbólico. Es una oportunidad estratégica. Hasta ahora, cualquier tarifa o promoción nueva debía pasar un control por parte de la CNMC, un proceso que podía tardar semanas. En concreto:

  • Las nuevas tarifas debían esperar hasta un mes para recibir el visto bueno del regulador.
  • Las promociones temporales tardaban unos quince días en ser aprobadas.

Además, todas las ofertas debían pasar el filtro de la "replicabilidad": la CNMC analizaba si los precios podían ser igualados por los rivales utilizando los precios mayoristas regulados. Si no lo eran, la oferta de Telefónica era bloqueada. Este control afectaba incluso a las ofertas de retención, es decir, a las contraofertas que Telefónica podía hacer para evitar perder un cliente ante una portabilidad. Si no eran replicables, no se podían lanzar.

A partir de febrero de 2026, todo esto se elimina. Telefónica podrá:

  • Reaccionar más rápido a los movimientos de sus competidores.
  • Lanzar promociones o tarifas sin necesidad de aprobación previa.
  • Mejorar sus ofertas de retención, claves en la guerra comercial por los clientes.

En otras palabras, podrá competir de tú a tú en agilidad con el resto del mercado. Algo que hasta ahora no estaba en su mano.

Una liberalización por fases

Este no es el primer paso en la liberalización del mercado de la banda ancha. El proceso ha sido progresivo:

  • En 2016, la CNMC declaró que había competencia suficiente en 66 grandes ciudades (el 35% de la población), y liberó esas zonas.
  • En 2021, tras otra revisión, esa lista se amplió a 696 ciudades, lo que supuso la desregulación del 70% de la población.

En ambos casos, Telefónica dejó de estar obligada a alquilar su red en esas zonas, aunque los acuerdos privados que mantenía con otros operadores evitaron una en ruptura brusca del mercado. Lo de ahora es diferente: se trata de una liberalización completa y definitiva.

De las otras regulaciones de las que ya se ha librado Telefónica encontramos las relacionadas con la telefonía fija, y las que afectan a la televisión de pago.

¿Qué pueden esperar los usuarios?

En principio, esta decisión no implica bajadas de precio inmediatas, pero sí más dinamismo comercial. Con un Movistar más ágil y una competencia muy activa, los clientes podrían beneficiarse de promociones más frecuentes, mejoras en las ofertas de retención o incluso tarifas más ajustadas en ciertos segmentos.

Y lo más importante: todo esto es posible porque hay más competencia que nunca. La liberalización llega en el momento en el que el mercado ya no depende de un único actor, y eso, paradójicamente, beneficia tanto a Telefónica como al consumidor.

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