Alemania busca relevo tras perder un proyecto de 30.000 millones de euros y Samsung aparece como uno de los nombres con más sentido
En Europa se está empezando a hablar de chips con el mismo tono con el que se habla de baterías en un móvil: como algo estratégico, delicado y que, si falla, te estropea el día. Y cuando un plan grande se cae, el hueco no se debe quedar vacío.
En ese contexto encaja que Samsung esté valorando reforzar su presencia industrial en Europa, más allá de vender aquí. No sería un giro romántico hacia el Viejo Continente: sería una jugada de cadena de suministro, requisitos locales y costes, muy parecida a la lógica que ya se ve cuando Europa intenta mover ficha con proyectos propios de semiconductores.
Por qué Europa vuelve a sonar en la agenda de Samsung
La idea de “hacer más en Europa” no aparece por capricho. Hay dos fuerzas empujando a la vez. Por un lado, la presión política e industrial para que parte de la electrónica estratégica se fabrique cerca, especialmente pensando en automoción y suministro estable. Por otro, el vacío que deja Alemania tras cancelarse una inversión mastodóntica que iba a ser un ancla para producción avanzada.
Samsung, que ya reparte su músculo fabril entre Corea del Sur y Estados Unidos, estaría valorando desde una inversión grande hasta un aterrizaje por fases. Y aquí el matiz importa: no es lo mismo prometer una fábrica puntera que empezar por capacidades de diseño, soporte técnico local o empaquetado avanzado, que es justo donde Europa también quiere dejar de ser solo mercado y pasar a ser parte de la cadena.
El efecto dominó de la cancelación de Magdeburgo
Cuando se cae un proyecto importante, no se cae solo una obra. En Magdeburgo, lo que se vino abajo fue el gran plan de Alemania para atraer una megafábrica de chips que iba a actuar como ancla industrial del país: una inversión anunciada de 30.000 millones de euros, con miles de empleos prometidos y un paquete público de ayudas que rondaba los 10.000 millones.
La cancelación dejó el terreno en silencio de golpe, y no solo por el agujero económico: también porque rompe el argumento más potente que tenía Europa para decir que aquí vuelve a fabricarse chip avanzado con un nombre propio encima.
Y eso explica que las administraciones regionales se estén moviendo para cortejar a grandes actores asiáticos, en paralelo a iniciativas europeas de matchmaking industrial. No es solo diplomacia: es competir por quién se queda con los empleos, el know-how y la capacidad de reacción cuando haya otra crisis de suministro.
Automoción: el imán real
Si te preguntas por qué Alemania y Europa se ponen tan insistentes, la respuesta no está en los móviles. Está en coches, fábricas y proveedores. Europa concentra un peso enorme de automoción y, por extensión, de demanda de chips para asistencia a la conducción, infotainment, conectividad y control industrial.
Para Samsung, montar algo aquí tendría una ventaja obvia: proximidad a clientes y partners. Y también una ventaja menos visible: si Europa aprieta con requisitos de contenido local en determinadas cadenas, estar dentro del continente puede convertirse en una especie de salvoconducto industrial.
No significa que mañana vayamos a ver chips made in Germany en un Galaxy, pero sí que Samsung podría querer cubrirse las espaldas en sectores donde el pasaporte del chip empieza a importar.
El freno: Europa es cara (y eso cambia el tipo de inversión)
La gran pared con la que se choca cualquier plan europeo es conocida: coste energético, coste laboral y regulación. En fabricación avanzada, esos factores no son un detalle. Son el margen. Y Samsung, que ya tiene compromisos multianuales gigantes en Corea y en EE. UU., no puede abrir un tercer frente sin pensarlo dos veces.
Por eso una vía realista es la inversión escalonada: primero presencia técnica, luego empaquetado o etapas intermedias y, solo si hay clientes garantizados, dar el salto a algo más ambicioso. Tiene lógica de manual: minimizar riesgo, ganar pie local, medir el terreno… y decidir con datos, no con titulares.
Hay otra lectura que lo hace todavía más coherente: Samsung lleva meses intentando ensanchar su papel en la cadena de valor de chips, no solo para sus móviles. Y cuando una compañía quiere estar en más sitios de esa cadena, acaba mirando dónde están los clientes, las reglas y el dinero.
Un ejemplo claro de ese Samsung mirando más allá del teléfono se ve en cómo se está hablando de fundición y chips de IA en movimientos donde la conversación ya no va de potencia en un Galaxy, sino de quién fabrica, para quién y con qué capacidad de escalar.
Si Europa aprieta para que la producción estratégica sea más local, y Alemania necesita reemplazar un proyecto bandera, Samsung no tiene por qué decir que sí… pero tiene motivos de sobra para, como mínimo, sentarse a escuchar.
Imágenes | Dall-E con edición, Xataka
En Xataka Móvil | Pensaba que la linterna del móvil era un peligro para la batería. Mis pruebas han demostrado lo contrario
En Xataka Móvil | Qué puede hacer el Samsung Galaxy Ring que no haga ya un reloj inteligente (y viceversa)
Ver todos los comentarios en https://www.xatakamovil.com
VER 0 Comentario