La Unión Europea acaba de inaugurar una de las inversiones más ambiciosas de la década. Bajo el nombre de «NanoIC» y con un presupuesto de 2.500 millones de euros (700 de ellos inyectados por Bruselas), el centro de investigación IMEC en Bélgica será algo así como el "kilómetro cero" de los chips del futuro.
Ojo, que el objetivo teórico puede ser deslumbrante: desarrollar la tecnología para bajar la barrera de los 2 nanómetros. Es el salto necesario para que los futuros móviles gestionen mejor la IA generativa local o las futuras redes 6G sin fundir la batería en poco tiempo. Eso sí, no es oro todo lo que reluce y hay matices importantes.
Un laboratorio muy caro. Lo que Europa ha abierto no es una fábrica cualquiera, es el único lugar del viejo continente donde operará la joya de la corona de ASML. Hablamos de un aparato del tamaño de un autobús, capaz de imprimir circuitos casi a escala atómica. Como destacaba recientemente el CEO de la holandesa, es la máquina que todo el mundo querría tener, y que realmente pocos poseen.
Gracias a esta línea piloto en Europa, investigadores y empresas podrán probar cómo se comportan los nuevos materiales antes de llevarlos a la producción masiva. Es un complemento importante relacionado a la línea FAMES inaugurada en Francia hace solo unos días y que se centra en chips FD-SOI (tecnología planar de menor consumo para semiconductores de IoT).
Aunque gigantes como Intel o SK Hynix ya poseen unidades propias en sus fábricas, NanoIC juega un rol vital como centro de de-risking (reducción de riesgos). Incluso teniendo la máquina, estas compañías no quieren detener sus líneas de producción para probar un material experimental. Prefieren que esa validación de riesgo se haga primero en laboratorios, asegurando que todo funciona antes de llevarlo a sus fábricas.
La trampa. Esa es la distancia del "lab" al "fab": cuando hablamos de NanoIC nos referimos a una línea piloto, no a una fundición comercial. Esto implica que Europa será excelente en I+D pero ineficaz en la práctica, la manufactura masiva. Es una cruda realidad: con mucha probabilidad, lo que se perfeccione en Lovaina (la ciudad belga) acabará en Taiwán o Corea del Sur.
Los grandes clientes de IMEC son TSMC, Samsung e Intel, que utilizan instalaciones europeas para aprender a usar la tecnología y luego llevársela a sus megafactorias en Asia. Europa pondría el cerebro; otros ponen el músculo, mientras China intenta desarrollar sus propias máquinas para romper el monopolio de ASML.
El sueño roto del 20%. Esta novedad llega cuando se cumplen cuatro años del anuncio de la Chips Act y el balance es agridulce. La promesa de alcanzar el 20% de la cuota mundial para 2030 parece cada vez más una utopía, un hecho que el propio Tribunal de Cuentas Europeo admitía.
Mientras NanoIC arranca, la realidad va a otra velocidad: la planta de TSMC en Dresde no estará lista hasta 2027 y se dedicará a litografías maduras para coches, no a la vanguardia que requiere, por ejemplo, un smartphone moderno. Europa se consolida como el centro de estudios, pero no posee la fabricación avanzada.
De la independencia a la indispensabilidad. ¿Cómo se toma Bruselas este contexto? Pues bien, ha empezado a asumir que la autarquía es imposible. La Comisión ya prepara una Chips Act 2.0 para finales de marzo que cambie el enfoque. Como sugieren fuentes de la industria, el objetivo no es fabricarlo todo en suelo europeo sino ser indispensables para la cadena de suministro.
Imagen de portada | Composición con imágenes de NanoIC y ASML
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