En el mundo de la telefonía móvil, como en la misma moda, todo vuelve aunque lo haga por razones distintas. Samsung parece estar dispuesta a desempolvar una de las innovaciones más características de su historia reciente para no ceder terreno ante Apple y las marcas chinas. Según un reporte de la industria publicado por el medio ETNews, la compañía ha solicitado a sus socios el desarrollo de sistemas de apertura variable y ya estaría probando las primeras muestras.
El movimiento no apunta a una mera casualidad, sino a una maniobra defensiva de manual. Se espera que el iPhone 18 estrene esta tecnología para este año por primera vez, tal y como vienen apuntando rumores desde hace tiempo. Samsung, que fue pionera en esto hace un lustro, no quiere ver cómo su mayor rival vende como revolucionaria una capacidad que los Galaxy ya tuvieron y descartaron.
El último exponente de la gama alta de Samsung: el Galaxy S25. Imagen de Iván Linares para Xataka
La física derrotó al software. Para entender este posible regreso, hay que mirar atrás. En 2018, cuando el Galaxy S9 estrenó la apertura variable, los sensores eran más pequeños y la profundidad de campo era enorme; esta capacidad quedó más como un adorno. Hoy, tiene más sentido: los móviles montan sensores muy grandes (cercanos, sino, de una pulgada) que captan mucha luz. Eso sí, tienen un efecto secundario: el plano de enfoque es finísimo.
Eso es física óptica pura y el software no termina de arreglarlo bien. La apertura variable permite cerrar el diafragma mecánicamente para ampliar esa profundidad de campo y que todo salga más nítido. Es algo que se puede comprobar en móviles más modernos que continuaron usando la apertura variable, véase el Xiaomi 14 Ultra.
Un modo retrato con control. La otra gran ventaja de recuperar el diafragma mecánico en el objetivo es la naturalidad. Llevamos años dependiendo de la fotografía computacional para simular el fondo desenfocado, lo que a menudo resulta en recortes de peor calidad.
Al tener una apertura variable real, ese desenfoque no es tan incontrolable: podríamos cerrar el diafragma para ampliar la zona de nitidez de forma óptica cuando sea necesario, o abrirlo al máximo para cuando buscamos ese bokeh extremo en condiciones de baja luz. Es cuestión de recuperar la versatilidad de una cámara y evitar procesados muy artificiales.
Un reto de ingeniería. Claro está, si es tan bueno... ¿Por qué Samsung lo eliminó en 2019? La respuesta es el espacio. Introducir partes móviles en una lente requiere grosor, y los módulos de cámara actuales ya sobresalen demasiado. Sin embargo, Samsung ha estado trabajando en soluciones para miniaturizar ópticas, como la tecnología ALoP para teleobjetivos.
Es probable que los nuevos prototipos que Samsung está probando con sus socios busquen integrar un diafragma mecánico sin convertir el móvil en un ladrillo. Vendría a superar las limitaciones técnicas de los viejos Galaxy S9 y Galaxy S10.
¿Una nueva carrera? Al final, la tecnología se mueve muchas veces por competencia. Marcas chinas como Huawei (con sus Mate y Pura) ya han estandarizado la apertura variable continua en la gama alta demostrando que es viable. Pero Samsung necesitaba un empujón mayor: el temor a Apple. Si el iPhone 18 llega con esta habilidad y Samsung no la tiene, habrá perdido un punto en un aspecto en el que fueron pioneros. Veremos si llega en unas semanas con los Galaxy S26, o por el contrario, hay que esperar algo más.
Imagen de portada | Composición con imágenes de Anna Martí y Alejandro Alcolea para Xataka
En Xataka Móvil | Los móviles con mejor cámara de 2026: cuál comprar y modelos recomendados
Ver 0 comentarios