Android L y la fragmentación como mal necesario

La fragmentación es probablemente el problema que más se cita entre desarrolladores y usuarios Android respecto a este ecosistema. La coexistencia de diversas versiones del sistema operativo sigue complicando la vida a ambas comunidades: a los desarrolladores les hace tener que evaluar su desarrollo en distintas ediciones, y a los usuarios les impide disfrutar de lo último de lo último sin que las operadoras y/o los fabricantes ofrezcan dicha posibilidad.

Estas barreras podrían volver a ponerse de manifiesto con Android L, la próxima edición de la plataforma móvil de Google que entre otras cosas destaca por esa llamativa introducción de la filosofía "Material Design" con un lenguaje visual que parece se extenderá a otros productos y servicios de Google. ¿Volverá a crear esta edición un nuevo problema de fragmentación?

Android L no solventará el problema

Casi un año después de la presentación de Android 4.4 KitKat nos encontramos con una situación casi esperada: menos del 20% de los smartphones del mercado cuentan con esta edición del sistema operativo de Google, y el grueso de los usuarios siguen manteniendo el tipo con Jelly Bean, cuyas distintas ediciones (4.1.x, 4.2.x, y 4.3) acumulan casi el 50% de cuota de mercado de estos dispositivos.

Por supuesto, la dimensión del mercado Android hace prácticamente imposible acotar el problema. Demasiados dispositivos, demasiados fabricantes y demasiadas operadoras que deben invertir recursos en mantener actualizados sus dispositivos y a sus clientes. En Android 4.4 no se atajó el problema significativamente -y eso que era uno de los objetivos de Google-, y no parece que Android L vaya a ayudar tampoco demasiado a solventarlo.

El problema, no obstante, no es tan grave desde el cambio de filosofía de Google, que desde hace tiempo ha separado la actualización de algunos de sus servicios con respecto a la actualización de su sistema operativo. Desde hace tiempo es posible acceder a algunas aplicaciones que antes estaban integradas en Android de forma separada, de forma que aun sin tener KitKat (o Android L en el futuro) los usuarios sí pueden disfrutar de los servicios actualizados que se habían integrado en dichas ediciones.

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La fragmentación vista como un mal necesario

Aunque la situación ha mejorado gracias a esa independencia de ciertos componentes tradicionales de Android, lo cierto es que la base del problema seguirá existiendo: ciertos usuarios contarán con lo último de lo último, mientras otros tendrán que aguantar con versiones antiguas del sistema operativo.

Si la operadora y/o el fabricante no ofrece esas actualizaciones, el usuario solo tendrá la opción de recurrir a las ROMs personalizadas como CyanogenMod o Paranoid Android -por citar dos de las más populares- para acceder a las novedades de las últimas versiones de Android.

Esa situación contrasta lógicamente con la que se vive con los dispositivos de Apple, y que lógicamente pueden presumir de tener una fragmentación mínima. Apple solo tiene que controlar un dispositivo y eso simplifica las cosas enormemente, así que algunos preferimos ver las fragmentación como un mal necesario.

Y ese mal necesario tiene una ventaja evidente: las opciones. Puede que no todos podamos actualizar nuestro dispositivo a la última versión de Android, pero a cambio tenemos un sinfín de posibilidades a la hora de adquirir nuestro dispositivo. Más o menos memoria, más o menos pantalla, mayor o menor sensor de la cámara, mayor o menor batería y, por supuesto, lo esencial: precios para todos los gustos.

Esa libertad de elección -con sus luces y sus sombras- es lo que define a Android, y la situación siempre se ha comparado a la que vivió el PC con Windows. Puede que Mac OS X tenga fama de "funcionar y listo", pero en Microsoft han tenido el enorme mérito de lograr que su sistema operativo funcione (bastante bien, diría yo) en equipos con configuraciones hardware de lo más variopintas.

Esa libertad, tiene sus desventajas, claro. Y puede que la fragmentación, siendo la más relevante y criticada, no sea tan importante al fin y al cabo.

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