Técnicamente, es sencillo crear tu propia compañía de internet. Y rentabilizarla te puede costar entre tres y cinco años
¿Alguna vez has pensado en la complejidad que hay detrás del simple hecho de conectarte a internet? Cada vez que disfrutas de una película en streaming o participas en una videoconferencia, estás utilizando una red gigantesca que alguien ha tenido que construir, mantener y gestionar. Con la explosión de las operadoras locales y la fibra, podría parecer que montar tu propia empresa de internet es una oportunidad accesible para cualquier emprendedor con un capital inicial.
Lo curioso es que la primera parte de la idea no es del todo incorrecta: con una inversión inicial sorprendentemente baja, cualquiera puede obtener los permisos, el equipo y la conectividad necesarios para dar servicio. Pero es justo en ese momento, cuando se enciende la luz de "servicio activo", donde la realidad choca de frente con la utopía.
El verdadero desafío no es montar la estructura, sino conseguir que se sostenga en el tiempo. Y es aquí donde la agresividad de las tarifas actuales, empujadas por gigantes como Digi, pone al descubierto una verdad incómoda: los precios por debajo de 25 euros al mes no son económicamente viables para la mayoría.
La anatomía de un operador: lo que el cliente no ve
Tal y como señala DMNTR Network Solutions en X, para convertirse en un operador de telecomunicaciones oficial, el proceso arranca con trámites burocráticos y técnicos que sientan las bases de la red. Hay que obtener un Sistema Autónomo (AS) y registrarse como LIR (Local Internet Registry) ante organismos internacionales como RIPE NCC, lo que implica un desembolso inicial de unos 1.000 euros y una cuota anual 1.800 euros. Esto permite tener una identidad única en internet.
A esto se le suma el "oro digital": las direcciones IPv4. Aunque el IPv6 es el estándar moderno, muchos servicios aún dependen de IPv4, y su escasez es crítica. La alternativa más estable a largo plazo (al menos ocho años), comprar un bloque pequeño de direcciones (un /24), puede costar alrededor de 10.000 euros. En paralelo, hay que obtener la licencia ante la CNMC, un trámite gratuito en el alta, pero que obliga a pagar una tasa anual del 0,1 % de los ingresos y requiere un proyecto técnico visado por un ingeniero (entre 1.500 y 3.000 euros).
Una vez tenemos el esqueleto legal, llega la infraestructura. El corazón del servicio está en el datacenter o centro de datos, donde se alquila un espacio (colocation), cuyo coste puede ir desde los 100 a los 300 euros al mes. Ahí es donde reside el equipamiento core, cuyo precio varía enormemente: desde 400 euros si optamos por soluciones económicas como Mikrotik hasta decenas de miles de euros para marcas profesionales como Cisco o Juniper. Sumemos los servidores para gestionar usuarios y facturación, y el coste inicial en esta fase ya ronda los 5.000 a 15.000 euros, en función de la ambición.
La factura del tráfico: no todo es gratis en internet
La red ya tiene un corazón, pero necesita sangre, que en este caso es el tráfico de internet. Un operador debe comprar la conectividad a un proveedor mayorista global (el tránsito IP) o a redes más pequeñas. Para una velocidad de 1 Gbps, el precio medio es de unos 300 euros al mes.
Para mejorar la calidad de la conexión y reducir la dependencia de los mayoristas, los operadores se conectan a los Puntos Neutros (IXP), como ESPANIX. Esto permite que el tráfico entre diferentes redes nacionales circule de forma directa. Curiosamente, ESPANIX ofrece 1 Gbps de conexión gratuita, pero acceder a mayores velocidades o a redundancia ya implica cuotas mensuales.
Ahora bien, todo esto es para tener el servicio en la central. Lo que realmente encarece el servicio es llevar la fibra a casa del cliente: la última milla. Hasta hace poco, los pequeños operadores podían usar la red de Telefónica a un precio regulado (NEBA), que rondaba los 16 euros por cliente y mes. Pero la desregulación prevista dejará a Telefónica sin esta obligación, lo que abre un escenario de precios comerciales menos transparentes y potencialmente mucho más altos para los pequeños. Sin una red propia de fibra hasta el hogar (FTTH), el coste mayorista puede devorar cualquier margen de beneficio.
Los números no salen: el dilema de la rentabilidad
Si analizamos el caso de un pequeño operador rural (un pueblo de 5.000 habitantes) que solo aspira a 200 clientes con una tarifa de 25 euros al mes, la inversión inicial es sorprendentemente baja, de unos 18.000 euros (básicamente permisos y equipos de bajo coste).
Sin embargo, los costes operativos mensuales lo dicen todo. Con 200 clientes, los ingresos serían de 5.000 euros. Los costes fijos de infraestructura, software y soporte rondan los 2.700 euros/mes. El gran problema llega con el coste variable del mayorista (NEBA), que a 16 euros/cliente ya suma 3.600 euros al mes. Costes totales: 6.300 euros. Ingresos: 5.000 euros. Resultado: 1.300 euros de pérdidas mensuales.
Esto nos lleva a la conclusión más reveladora: ese operador rural necesitaría alcanzar unos 300 clientes a 25 euros/mes solo para cubrir costes.
La verdad incómoda de Digi: el efecto distorsionador
En este contexto de márgenes ajustados, llega el efecto Digi. La operadora rumana ha revolucionado el mercado con precios que parecían impensables, como los 10 euros por su fibra de 500 Mbps. ¿Cómo lo consiguen?
La respuesta es el cherry picking y una estrategia financiera a largo plazo. Digi no solo ha alcanzado una masa crítica de millones de clientes, lo que le permite negociar condiciones mayoristas inalcanzables para los pequeños, sino que también ha tomado decisiones estratégicas, como vender parte de su red de fibra FTTH a Onivia para obtener liquidez inmediata.
Su modelo no prioriza el beneficio a corto plazo, sino la cuota de mercado, y esto le permite operar con lo que muchos consideran un dumping funcional (vender a un precio que no cubre costes para ganar clientes).
El resultado final es que el precio de referencia para la fibra en la mente del consumidor se ha hundido. Si un cliente puede tener 500 Mbps por 10 euros (incluso sin móvil), le resultará incomprensible pagar 25 euros o 30 euros a un operador local. Este efecto ha destruido el colchón de rentabilidad de los pequeños.
Más que un juego de números
Montar un operador de fibra es un reto técnico y logístico perfectamente superable, con una inversión inicial mínima de apenas unas decenas de miles de euros. El verdadero muro de ladrillo es la rentabilidad.
La supervivencia de un nuevo actor en el mercado exige hoy un capital de resistencia (entre 750.000 y 1.500.000 euros) para aguantar la fase de pérdidas, así como encontrar un nicho muy especializado (zonas rurales sin competencia, servicios premium para empresas o gaming).
Sin una de estas palancas, las tarifas por debajo de 25 euros no son un precio de mercado, sino una lenta condena para cualquier proyecto que no tenga la escala y el músculo financiero de un gigante. La lección es clara: lo que parece una ganga para el consumidor es un precio insostenible para casi todos los que están detrás de la conexión.
En Xataka Móvil | Así consiguen los operadores que tu conexión sea realmente rápida sin subir la velocidad: gracias al peering.
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