Pekín atenderá las preocupaciones de Washington sobre las restricciones de minerales críticos como el neodimio o el indio
Ambos mandatarios han acordado presionar para reabrir el estrecho de Ormuz
La histórica cumbre celebrada hace unos días en Pekín entre Donald Trump y Xi Jinping ha acaparado las portadas por las compras de soja y la adquisición de aviones Boeing. Sin embargo, leyendo la letra pequeña, conocemos que es un balón de oxígeno para una industria tecnológica que se asomaba al abismo.
La guerra comercial y los conflictos bélicos habían creado una tormenta perfecta que amenaza con paralizar las cadenas de suministro de componentes. Con este nuevo pacto, que se materializará con la creación de dos nuevos consejos de comercio e inversión, las dos grandes potencias mundiales firman una tregua que salva el hardware a través de dos frentes: los minerales críticos y las rutas marítimas.
Tierras raras y el Estrecho de Ormuz
El comunicado de la Casa Blanca es explícito y directo: China se ha comprometido a abordar la escasez en la cadena de suministro de tierras raras y a levantar las restricciones sobre la venta de equipos para su procesamiento. Este punto es el corazón de nuestros móviles: el indio es imperativo para las pantallas táctiles, y el neodimio es el motor de los altavoces y háptica.
La cesión de Pekín no es menor. China controla con mano de hierro este mercado y, hace apenas dos meses, anunció el descubrimiento de un yacimiento de casi 10 millones de toneladas en Sichuan, uno que triplicaría sus reservas y consolida un monopolio absoluto. Algo similar sucede con el galio, importante para componentes LED y láseres para semiconductores.
Hasta este apretón de manos, la situación era tan límite para las empresas estadounidenses que Apple se vio obligada el pasado verano a invertir 500 millones de dólares en MP Materials: el único proveedor de tierras raras de EEUU, de cara a asegurar el suministro de imanes necesarios para sus iPhone. El nuevo acuerdo bilateral alivia esta presión y garantiza que las fábricas occidentales puedan seguir operando sin el miedo a un embargo de minerales.
El segundo gran pilar referido a tecnología del acuerdo es el consenso para "reabrir el Estrecho de Ormuz" y su condena conjunta a que cualquier país —ejem, Irán— imponga peajes en la zona. Para la tecnología de consumo, Ormuz es más que una ruta petrolera.
Por un lado, su fondo marino es un embudo para las telecomunicaciones. Recientemente saltaron las alarmas ante la amenaza iraní de cobrar peajes y su posibilidad de sabotear cables submarinos de fibra óptica, un escenario que degradaría la velocidad de internet en Europa y colapsaría servicios en la nube.
Por otro, la reapertura del estrecho sería un alivio para la fabricación de procesadores y memorias RAM. El bloqueo mantiene atrapadas las exportaciones de Qatar, país que provee el 80% del gas helio de alta pureza. Este gas es insustituible para enfriar las máquinas de litografía que fabrican los chips.
Una tregua con grietas y un escenario que ya ha cambiado
A pesar del alivio que supondría para la cadena de suministro, el acuerdo se asienta sobre bases ciertamente frágiles. Las versiones de ambos países muestran discrepancias: mientras el Ministerio de Comercio Chino afirma haber alcanzado un acuerdo preliminar para reducir aranceles, Trump ha negado a la prensa que este tema se haya puesto sobre la mesa.
Además, aunque el flujo de materiales se normalice, el daño del veto estadounidense de los últimos años ya está hecho. La asfixia a la que Washington sometió a Pekín forzó a la industria china a independizarse. Hoy, China ya fabrica el 35% de su propia maquinaria de liotgrafía, y tal como admitían desde la Casa Blanca, portentos nacionales como Huawei no están tan lejos en chips de IA: se prepara para exportarlos globalmente.
Sea como fuere, el acuerdo entre Trump y Xi Jinping es una excelente noticia a corto plazo que puede aliviar a la industria global. Eso sí, a largo plazo, la maquinaria de soberanía china ya está en marcha, y no parece que ningún acuerdo sobre tierras raras vaya a detenerla.
Imagen destacada | Composición con imágenes de The Guardian y Igor Shalyminov
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