No falló la idea, fallaron los tiempos. Las limitaciones técnicas hoy no existen
El catálogo de juegos de la época era insuficiente: también la potencia, las pantallas e incluso la batería
Los inicios de los smartphones fueron espectaculares. Desde la emoción con la que recibimos ese primer iPhone hasta la osadía de los fabricantes que trataron de diferenciarse del resto a toda costa.
Ahora que todo nos parece igual, echamos la vista atrás y nos encantaría que algunos de los modelos más icónicos de la historia de la telefonía móvil se hubieran lanzado hoy y no hace 15 o incluso 20 años.
Llegar demasiado pronto no siempre es una ventaja. Que se lo digan a Nokia o a Sony, por ejemplo.
No perdonamos las limitaciones técnicas de la época
Las consolas con Android están dándole una vuelta al concepto de los dispositivos móviles enfocados al gaming. El problema es que hoy en día sentimos que casi todas las opciones que nos ofrece el mercado se quedan a medio camino: o son consolas o son smartphones. Pero no todo a la vez.
En la década de los 2000s y principios del 2010, los fabricantes soñaron con la posibilidad de fusionar lo mejor de los dos mundos y nos dejaron muy buenos ejemplares. En algún momento, todos deseamos tener un Nokia N-Gage o un Sony Xperia Play. El problema es que fueron unos adelantados a su época. Demasiado.
Su hardware era tan limitado que no se podían comparar realmente con las consolas del momento. Su pantalla era tan pequeña que no permitía disfrutar de la experiencia, al igual que las redes, que eran lentas y costosas. El catálogo de juegos disponibles era insuficiente y el precio también era demasiado alto para lo que en aquellos tiempos pagábamos por nuestros teléfonos.
La autonomía era otro de los problemas: si usábamos el móvil como dispositivo de ocio perdíamos su valor como herramienta de comunicación. No aguantaba ambas batallas. Las baterías de silicio-carbono pueden ser hoy en día una buena solución a esto.
En 2025, un Sony Xperia Play tendría mucho más sentido
Las limitaciones técnicas fueron un gran inconveniente. Ahora todo esto se ha dado la vuelta y ya tenemos capacidad más que suficiente para crear buenos equipos. Actualmente tenemos mucha más infraestructura de juegos en la nube e incluso procesadores móviles que ya se están usando en consolas, como el potente Snapdragon 8 Elite.
Tengo bastante claro que no falló la idea, fallaron los tiempos. Si hubiéramos podido jugar al Fortnite en un Sony Xperia Play con mejor ventilación, una pantalla más grande y una conexión a internet más rápida, hoy estaríamos hablando de otra cosa.
Y aunque hay smartphones que en nuestros días están intentando ganarse el apellido “gaming”, como el ASUS ROG Phone 9 Pro o el Nubia RedMagic 10 Pro, son minoría y nos sigue faltando algo en ellos.
Soñar con un dispositivo que sea realmente un híbrido entre consola y móvil no es tan descabellado. Los smartphones están en su momento más dulce y las consolas portátiles también. Solo necesitamos que alguien dé con la tecla para unir lo mejor de los dos mundos y obrar el esperado milagro.
Imagen de portada | Editada con Gemini
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