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Qué es el escudo de silicio y por qué TSMC es tan importante para el futuro de la independencia de Taiwán

  • El término acuñado a principios de siglo describe cómo la hegemonía en chips protege a Taiwán frente a China

  • Al fabricar más del 90% de los chips, TSMC afronta la disyuntiva de construir en el extranjero sin vaciar la isla

Escudo Silicio Taiwan
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Pepu Ricca

Editor

En el mapa de la geopolítica actual, la seguridad de las naciones suele medirse por el tamaño de sus ejércitos o sus reservas de recursos naturales. Pero la República de China, una pequeña isla de 23 millones de habitantes, ha articulado su supervivencia sobre un recurso diferente: los transistores microscópicos que dan vida a todo tipo de dispositivos.

A través de un mapa de dependencias donde Occidente asume la superioridad de Asia en la producción de semiconductores, la industria de Taiwán se ha convertido en un bastión insustituible para el comercio internacional. El fenómeno es el denominado "escudo de silicio" o "silicon shield" en inglés, un mecanismo disuasorio donde la compañía TSMC desempeña un papel protagonista.

Primero: qué es el escudo de silicio

Tsmc Imagen: TSMC

Este concepto fue acuñado por el periodista Craig Addison en su obra 'Silicon Shield: Taiwan's Protection Against Chinese Attack', publicada en 2001. Su tesis sostiene que la posición dominante de Taiwán en la fabricación de chips actúa como un freno frente a una posible acción militar de la República Popular China.

Así, habla de una manifestación moderna de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) trasladada al terreno de la economía. Por lo tanto, cualquier bloqueo o intervención militar sobre la isla cortaría de inmediato el flujo de esos componentes tan básicos.

Y es que, para entenderlo, es mejor conocer una cifra determinante: TSMC concentra alrededor del 70% del mercado global de fundición por contrato (a terceros) y más del 90% de la producción de chips avanzados (por debajo de los 7 nm). Esta aglutinación implica que un conflicto paralizaría a las grandes tecnológicas, pero también causaría un daño a la propia economía china.

En esas, China trabaja en su autosuficiencia, con un progreso esperanzador pero aun lejos del de la isla. A pesar de los esfuerzos de Pekín en iniciativas como «Made in China 2025», su tasa de independencia en semiconductores se mantiene por debajo del 20% debido a los vetos que impiden la entrada de equipos de litografía avanzada de la neerlandesa ASML.

Al mismo tiempo, esta interdependencia compromete la implicación de Estados Unidos: mantienen una política de ambigüedad desde 1979, pero el impacto que causaría un parón sobre las telecomunicaciones, los centros de datos y la propia industria militar estadounidense, genera un incentivo para que Taiwán caiga bajo control de Pekín.

Si echamos un vistazo a simulaciones desclasificadas, un parón en las exportaciones de Taiwán provocaría que el desarrollo de la tecnología retrocediera dos décadas. Se diese —o no— el caso, hay una compañía que es vital para el país insular y que sigue pasando por un dilema: la citada TSMC.

TSMC es vital para Taiwán, de ahí viene el dilema

Que Taiwán tenga esta ventaja se debe a una decisión iniciada de la década de 1980: el entonces ministro impulsó la necesidad de tejer lazos con Occidente para garantizar que EEUU tuviera un interés material en la estabilidad de la región. 

Por eso, para liderarlo, reclutó a Morris Chang quien fundó TSMC en 1987 con un modelo bastante rupturista: la fundición pura. TSMC decidió que no diseñaría chips propios, para así garantizar a las empresas americanas que podían confiarles la fabricación sin temor al espionaje o la competencia.

Tsmc Chips

Y claro, esta especialización ha sido el activo más preciado de la isla. Sin embargo, la tensión que se corta en la geopolítica ha terminado por someter a la doctrina a una prueba de resistencia. Ahí están los subsidios como el CHIPS Act de EEUU o la Ley Europea de Chips para forzar a TSMC a fabricar en Arizona, Japón y Alemania.

Se está produciendo una dispersión en la geografía que abre una paradoja: en la medida en que las potencias occidentales logren levantar capacidades redundantes en su territorio, el valor de Taiwán podría volverse prescindible e incluso negociable. Quizá por eso la administración taiwanesa haya impuesto impedimentos para que las empresas locales puedan transferir su tecnología de vanguardia al exterior.

Ahí está el ejemplo de cuando Taiwán decidió autorizar la producción de 2 nm fuera de sus fronteras: condicionó que la siguiente generación, la del nodo de 1,4 nm, se mantenga operativa en suelo insular antes de trasladar procesos a EEUU. Pese a que hay estudios que sugieren que la diversificación mitiga la dependencia e impulsa acuerdos, el centro del I+D sigue atado a Taiwán.

¿Cambiará? No lo sabemos. La certeza que sí tenemos es que para Taipéi, conservar la exclusividad de los chips más pequeñitos del planeta sigue siendo su salvavida más eficaz. Lo lleva demostrando varias décadas.

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