Tengo Google Maps en el bolsillo y aún meto un mapa de papel en la mochila: hay situaciones en las que sigue ganando al móvil

  • Los mapas de papel para senderismo resisten al smartphone porque no dependen de batería, cobertura ni pantalla

  • Suelo combinar el mapa físico con las señales del camino. También uso apps como Wikiloc para buscar nuevas rutas

Iván Linares

Editor Senior

Ahora que llega el buen tiempo, va siendo época de excursiones. No es que en invierno deje de hacerlas, pero está claro que con el solete apetece mucho más. Y, dado que alrededor tengo más campo abierto que suelo urbano, me he terminado recorriendo casi todos los caminos. Siempre queda alguno por descubrir, suelo ir buscando nuevos con el móvil. Y con mi mapa de papel.

¿Siguen siendo útiles los mapas de toda la vida cuando el móvil muestra la ubicación exacta en la pantalla? Pues yo creo que sí, aunque no en todas las situaciones. Para ir por carretera de un punto a otro no hay nada mejor que una app de navegación con GPS, para perderse por un camino de montaña no lo tengo tan claro. En el mejor de los casos prefiero compaginar ambos: si tengo a mano el mapa de papel, yo lo meto en la mochila.

El mapa, el mapa, el mapa…

Un mapa de papel es un buen compañero de caminos

Si ahora mismo tienes la canción sonando en la cabeza, es que también has pasado horas viendo la tele con tus hijos. Bromas aparte, el mapa físico no está en peligro de extinción, solo ha necesitado un proceso de adaptación para encontrar su sitio tras la enorme competencia del smartphone. Porque a un mapa no se le acaba la batería, no pierde cobertura y se puede ver bajo la luz directa del sol sin el más mínimo problema.

La tecnología está bien, desconectar de ella tampoco está mal. Precisamente por eso me gusta llevar un mapa de papel: puede dedicarle toda mi atención al camino. Me relajo con la experiencia y comparto la conversación con los compañeros de paseo sin un móvil de por medio. Todo sin perderme, porque igualmente sigo el camino sobre el mapa.

Hay otro punto importante: perderse forma parte de la experiencia.

Suelo aprovechar los mapas de los centros de excursionismo, también aquellos que crean las editoriales especializadas en senderismo. Compagino dichos mapas con apps como Wikiloc, que soy premium. Esta app va bastante bien, aunque hay veces en las que el GPS no marca de manera precisa una intersección. Eso con un mapa de papel no pasa.

Aparte de que los medios analógicos son más útiles que los digitales en situaciones donde no hay batería ni cobertura, existe otra razón por la que sigo usando los mapas de papel: son más divertidos. Y desafían en mayor medida, ya que obligan a mejorar la orientación y a prestar más atención a las señales del camino. Proponen un mayor reto que seguir el guiado del GPS, eso me gusta.

El mapa de papel está lejos de morir

La guía de carretera que se renovaba cada año ha pasado a mejor vida, los mapas físicos de excursionismo aún tienen su hueco. Tengo una buena colección y sigo comprando más cuando paso por el centro de información de un parque natural. Son un excelente recuerdo y una invitación para volver al mismo lugar y recorrer otros caminos. El móvil no transmite lo mismo.

Imagen de portada | Iván Linares

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