En otoño de 2021, cuando Google presentó sus Pixel 6 y estrenó su primer chip, el Tensor, el anuncio vino acompañado de una promesa: comprometerse a cinco años de soporte. En un momento donde recibir dos o tres años era la norma, augurar que un móvil seguiría vigente en 2026 parecía un brindis al sol.
Cinco años después, el calendario ha llegado a su fecha límite y la promesa se ha consumado. Tal y como certifica el calendario oficial de los de Mountain View, los Pixel 6 reciben este mes su último parche de seguridad, siendo los primeros conejillos de indias de las políticas extendidas en completar su ciclo. No solo ha demostrado que la fragmentación de Android se podía atajar, sino que ha servido de prueba para los siete años que hoy predominan en la gama alta.
Primer examen. La hoja de ruta de este dispositivo ha sido un viaje dentro de Android. En su lanzamiento, Google prometió tres años de actualizaciones del sistema y cinco de parches, pero a finales de 2024 dio la campanada ampliando dos años más las actualizaciones a las familias Pixel 6 y Pixel 7.
Aquel giro permitió que haya alcanzado Android 17 y cierre su recorrido con la reciente Pixel Drop de septiembre. Tras cinco años de novedades, Google lo deja claro: mantener el software en el tiempo no es un problema, solo es cuestión de voluntad y arquitectura.
La prueba. Un servidor no tiene el Pixel 6, pero sí convivo con un Pixel 6a que comparte corazón: el Tensor de primera generación. A día de hoy, actualizado a Android 17, funciona con una solvencia envidiable. Sigue fluido y rápido, y las apps responden con soltura, la multitarea no flaquea y hasta los juegos siguen rindiendo dignamente.
Viendo su comportamiento, diría que este hardware aguantaría perfectamente un par de actualizaciones más sin despeinarse. Parece que la potencia bruta de 2021, que ya siendo un Tensor no era equiparable a la del Snapdragon de la época, es más que suficiente para las exigencias que tenemos en 2026.
Cuando el software aguanta, el hardware importa. La lección que nos deja este lustro es la que plantean desde Android Police: el cuello de botella para quienes han mantenido este teléfono ha estado en la degradación del hardware. Cinco años de cargas diarias dejan una batería que rara vez supera el 80% de su capacidad. Por tanto, invertir dinero en reparar sus piezas para mantenerlo como móvil principal tiene bastante sentido frente a la sustitución.
Todavía tiene cuerda. Quedarse sin parches de seguridad o actualizaciones del SO no convierte ahora al Pixel 6 en un pisapapeles. La arquitectura modular de Android y las actualizaciones de Google Play garantizan que las apps sigan funcionando y estén protegidas, e incluso que reciba nuevas funciones que todos los Android consiguen con las Android Feature Drop.
Un precedente. La travesía del Pixel 6 cobra un significado especial al mirar los modelos actuales. Firmas como Google y Samsung garantizan seis y hasta siete años completos de soporte en gamas como los Pixel 8, 9, 10 y 11, o los Galaxy S24 en adelante. Si completar estos años ha llevado a los componentes al límite, prometer más soporte obligará a que la reparación gane más importancia.
De hecho, Europa ya está en ello. Y sea como sea, lo cierto es que Google ha demostrado que el software puede sobrevivir sin impedimentos, al menos por un lustro; ahora el reto es que el hardware pueda sobrevivir al mismo viaje.
Imagen destacada | Iván Linares para Xataka (con edición)
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