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Como se suele decir de una forma coloquial, muchos usuarios nos dimos con un canto en los dientes al comprobar que nuestro ya casi obsoleto iPhone 3GS aún podría disfrutar de una vejez digna pudiendo recibir en sus entrañas al recientemente presentado iOS 5, en contra de todos los rumores previos. Y lo que sorprende aún más, el poder ver por uno mismo como un smartphone del año 2009 aún mueve la última versión de la plataforma móvil de Apple con inesperada soltura.

Aún dura la resaca tras la borrachera de novedades desveladas el pasado lunes, hasta el punto de que ya son muchos los que hemos podido probar la primera versión beta de iOS 5 convenientemente validada por Apple a las pocas horas de finalizar el evento. Y tal como había predicho el propio Steve Jobs y corroboró posteriormente en la keynote que daba el pistoletazo de salida a la WWDC 2011, nos encontramos en la era “post PC”.

En el caso del iPhone es visible en el asistente de activación que se ejecuta tras finalizar la instalación del sistema operativo. Tras la novedad inicial de no tener que pasar por el aro de iTunes para hacer funcionar el dispositivo, nos encontramos con la ingrata sorpresa de no poder hacer uso de una cuenta MobileMe con iCloud, al no verse completado el proceso de migración. No en vano debemos recordar que todas las novedades de software no estrarán en funcionamiento de forma oficial hasta el próximo otoño.

Algunos textos no del todo traducidos al castellano y un pequeño grado de confusión con las diferentes cuentas (Apple ID, MobileMe, iCloud) que llevan a la App Store a mostrar el aviso recurrente de no corresponder con el país adecuado y teniendo que sufrir la pertinente redirección, son algunos de los bugs detectados en una primera beta con un elevado grado de estabilidad.

iOS 5, evolución necesaria al gusto de muchos

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Como bien dice Samuel Campos, nuestro compañero de Applesfera, en su artículo “Un primer vistazo a iOS 5 y sus novedades”, iOS 5 no supone un cambio trascendental en la gestión de los datos, algo que sí ocurrió con iOS 4 y la introducción de la multitarea. Los de Cupertino se han limitado a ampliar y dotar de mayor funcionalidad a algunos elementos de la plataforma, como es el caso de las notificaciones, recogiendo en muchos casos ideas o conceptos ya existentes, recurriendo a una conveniente adaptación.

No obstante, ello no resta méritos a los desarrolladores que se han afanado en presentar un producto eficiente y muy ajustado a las necesidades de muchos usuarios, algunos de los cuales ya se plantean regresar cual hijos pródigos a la espera del futuro para hacerlo efectivo.

Un buen número de las aplicaciones existente en la App Store son plenamente funcionales en el iPhone 3GS sin requerir aún de algún tipo de adaptación a la nueva versión, como viene siendo habitual desde un principio. Además de una mayor fluidez a la hora de navegar por las diferentes pantallas, tanto del sistema como de aplicaciones, que quizás mejore su rendimiento en comparación con iOS 4.3.3.

Los 600 MHz del procesador Samsung que lleva en su interior tan sólo se achican durante la sincronización con iCloud, provocando cierta demora en la respuesta a las pulsaciones de teclado. Algo que se deja notar en caso de tener activada la opción “Fotos en línea” y querer enviar una imagen a Twitter utilizando la opción integrada en el menú del sistema. Una integración, por otra parte, que llega tarde y sólo elimina dos pasos a lo sumo, a la hora de querer enviar una imagen a la mencionada red social.

La segunda juventud del iPhone 3GS

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Quizás sean las notificaciones las que se llevan la palma y el aplauso de la comunidad con el nuevo método de gestión unificado en un panel único, mucho más vistoso, práctico y mucho menos intrusivo que el modelo vigente hasta hoy.

Sin embargo, lo mejor de todo es comprobar como con dos cuentas de correo electrónico push (iCloud y MobileMe), uso intensivo de 3G y notificaciones activadas, así como la geolocalización para aquellos programas que así lo requieran, iOS 5 se porta de un modo más que adecuado en el consumo de recursos energéticos.

La guinda del pastel, al menos en mi caso de un modo nada objetivo, está en el sencillo hecho de poder disfrutar de todo ello en mi iPhone 3GS, viviendo una segunda juventud en un terminal que ya creía acabado. Una patada en todas sus partes nobles a la tan cacareada obsolescencia programada.

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