Los astronautas también tienen WiFi en el espacio, o mejor dicho, en la Estación Espacial Internacional (ISS), desde donde pueden comunicarse con la Tierra gracias a un sistema satelital. Pero, ¿qué ocurre fuera de la ISS? ¿Hay internet en la Luna?
Precisamente con el objetivo de dotar de conectividad a la Luna, la Agencia Espacial Europea (ESA) puso en marcha en 2024 el proyecto Moonlight, que incluirá el lanzamiento de cinco satélites alrededor de la Luna capaces de proporcionar un ancho de banda suficiente para realizar videollamadas fluidas con la Tierra.
Una Luna más y mejor conectada con la Tierra
Con la vista puesta puesta en las 400 misiones lunares que ya hay programadas para los próximos 20 años, la ESA lo tiene claro: "La presencia humana sostenida en la Luna requerirá infraestructura". Y quiere que Europa y Canadá lideren uno de sus pilares: la conectividad.
Por eso dio el pistoletazo de salida hace dos años al programa Moonlight, que sentará las bases para un ecosistema lunar conectado e interoperable proporcionando servicios continuos de comunicación y navegación entre la Tierra y la Luna gracias a una red o constelación de satélites destinados a ese fin.
Esa infraestructura interoperable estará basada en estándares mundiales y se llevará a cabo en colaboración con socios internacionales, como la NASA y la Agencia Espacial Japonesa, para que puedan utilizarlo misiones científicas o comerciales de cualquier país o empresa.
El proyecto contempla una solución escalable de cinco satélites (uno destinado a la comunicación y cuatro de navegación) en órbitas elípticas alrededor de la Luna. Aunque la ESA quiere que sea un estructura compatible con una arquitectura de conectividad más amplia que pueda extenderse en el Sistema Solar y llegar hasta Marte.
Además de proporcionar velocidades y ancho de banda suficientes para permitir las videollamadas entre la Tierra y la Luna, Moonlight pretende facilitar la navegación en la superficie lunar con una precisión de hasta tres metros, incluso en el polo sur de la Luna y los cráteres en sombra permanente.
Eso facilitará los aterrizajes y permitirá realizar un seguimiento en tiempo real durante la órbita, el descenso y el contacto con el suelo. Además, al simplificar los sistema de navegación en los módulos de aterrizaje, lograrán un ahorro de peso y espacio que les permitirá llevar más carga útil, como instrumental científico o suministros.
Los vehículos de exploración (rovers), por su parte, podrán conectarse a esa red para desplazarse de forma autónoma, abaratando costes operativos y optimizando la recogida de muestras. Y se podrá transmitir datos de telemetría y vídeo en tiempo real a la Tierra.
Imágenes | ESA
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