China lleva años intentando fabricar sus propias máquinas de litografía. Ha tenido que llamar a Huawei para que alguien las termine

  • Una investigación de Financial Times desvela que Huawei opera como directora de proyecto en el plan estatal chino

  • El consorcio prueba equipos de 28 nm para alcanzar los 7 nm, aunque arrastra dependencias críticas de lentes Zeiss

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Pepu Ricca

Editor

Diseñar chips avanzados para smartphones no sirve de mucho si careces de las herramientas para imprimirlos en las obleas. Aunque cada vez que EEUU limitó a China el gigante asiático trazó una ruta de escape, el cuello de botella de la litografía de vanguardia sigue intacto. Ahora, Pekín ha decidido atajarlo: según desvela una investigación del FT, Huawei es quien ha asumido formalmente un papel protagonista en la cadena nacional para fabricar máquinas de litografía ultravioleta profunda (DUV).

Este movimiento, aunque no sorprende en China, es ciertamente contrario a la lógica del sector: mientras Apple o Qualcomm encargan la manufactura, Huawei opera como contratista en el ambicioso plan de China para reinventar el proceso de fabricación de semiconductores. Como los especialistas con los que cuenta el país no avanzan al ritmo necesario, el Gobierno de Pekín ha recurrido a su tecnológica más disciplinada para romper el monopolio de ASML.

De diseñar teléfonos a coordinar fábricas

La designación de Huawei al frente de la infraestructura responde a una cruda realidad: disponer de un prototipo de laboratorio no equivale a tener una industria. Es a lo que apunta Lin Qingyuan, analista de chips en Bernstein: un escáner DUV integra decenas de miles de piezas repartidas en varios sistemas. Sincronizar a miles de suministradores exige una autoridad que sea capaz de auditar procesos y exigir resultados.

Pero Huawei no estará sola en esto: su socio ejecutor parece ser Yuliangsheng, una compañía de Shangái escindida de SiCarrier —con la que vimos cómo Huawei consolidó su alianza en chips— y que planea producir 12 máquinas DUV antes de que termine el año.

Actualmente, SMIC y la propia Huawei mantienen en fase de pruebas un equipo litográfico de 28 nm desarrollado por Yuliangsheng. Su objetivo consiste en aplicar el multi-patterning (técnicas de exposición múltiple) para emular la producción de 7 nm de TSMC, un método similar al que Huali y SMIC emplean.

Ahora bien, el relato de una máquina 100% doméstica choca con dos dependencias que de momento son insalvables para China: 

  • Lentes de proyección: las ópticas que enfocan los patrones sobre la oblea en los equipos de Yuliangsheng proceden de la alemana Zeiss. Como la firma solo vende sus lentes a ASML, la industria china se estaría viendo forzada a abastecerse a través del mercado de segunda mano. Para sustituirlas, los fondos de Huawei financian a Fujian Zhiqui Photonics, aunque la producción tardará años en madurar.
  • Fuente de luz láser: esta segunda dependencia también es casi un monopolio, de Cymer (propiedad de ASML) y la japonesa Gigaphoton. Sí, Huawei respalda a la firma local Beijing RSLaser para abastecer los equipos chinos, pero que su láser pueda operar sin problemas de temperatura durante turnos ininterrumpidos sigue siendo un obstáculo importante.

Efecto bumerán del bloqueo

Claro está que, pese a los avances, la producción en masa en China no puede desconectarse de la tecnología occidental de la noche a la mañana. Fundiciones como SMIC o los fabricantes de memoria CXMT y YMTC aprovecharon hasta el último momento para hacer acopio de escáneres DUV comprados a ASML, por lo que habrían acumulado herramientas suficientes para los próximos tres años. Es más, el mercado chino sigue representando alrededor de una quinta parte de la facturación de la holandesa.

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Sin embargo, la presión comercial de EEUU está provocando un efecto bumerán en el tejido industrial de China. En circunstancias normales, una fundición como SMIC no habría aceptado instalar maquinaria experimental, arriesgándose a perder dinero y mermar su rendimiento cuando podía comprar los equipos de ASML.

La prohibición ha forzado una alianza, como ya pasó con la hegemonía de ASML que se forjó gracias a décadas de colaboración con TSMC: al obligar a SMIC a abrir sus líneas de producción y situar a Huawei como capataz, el veto está creando a la fuerza un ecosistema de colaboración que China nunca logró consolidar por sí misma.

Aunque la autosuficiencia en máquinas litográficas está lejos de ser una realidad inmediata para el gigante asiático, transferirle el mando a su empresa más disciplinada demuestra que Pekín ha decidido dejar de parchear su industria de chips para construirla desde los cimientos.

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