
Nvidia impulsa que el futuro 6G funcione como software abierto sobre sus procesadores gráficos
Algo que sacude a Ericsson y Nokia mientras defienden su modelo de patentes y hardware cerrado
La carrera hacia el 6G está protagonizada por las promesas de mejoras en la conectividad, pero también por el tablero geopolítico que está suponiendo, uno de los más sensibles de los últimos años. Mientras China lidera la carrera gracias a sus patentes, el viejo continente confiaba en que su plan de soberanía bastaría para mantener a sus dos campeones, Ericsson y Nokia, como los guardianes de las antenas.
Ahora bien, puede que otra amenaza contra ese statu quo no venga desde Pekín, sino desde EEUU. Y en esas, Nvidia prepara un asalto a las redes de telecomunicaciones: buscan cambiar las cajas cerradas de los fabricantes europeos por servidores abiertos impulsados por sus propios chips gráficos.
Servidores de IA: cómo Nvidia entiende el 6G
La arquitectura de las redes móviles ha funcionado hasta ahora bajo dos modelos diferenciados: por un lado, el abierto para los estándares de la especificación, de cara a que cualquier teléfono pueda conectarse a cualquier antena; por otro, el cerrado de la infraestructura, de firmas como las europeas citadas o las chinas Huawei y ZTE.
Esta parte hermética implica que, cuando una operadora instala una estación de radio, adquiere equipos integrados donde el software y el hardware están vinculados a chips diseñados a medida. Es este esquema el que ha sido la base de la rentabilidad para las dos compañías, que además complementan sus cuentas cobrando derechos de propiedad intelectual.
La alternativa que promovió la industria con las redes abiertas (Open RAN) prometía romper esa dependencia de marca, pero su avance comercial ha sido mucho más lento de lo previsto. Aquí vuelve Nvidia, que ha decidido abrazar al código abierto: se ha sumado a iniciativas como OCUDU (junto a la Linux Foundation) y promueve su propia plataforma de referencia, llamada Aerial.
¿Qué pretenden con esto? Trasladar la llamada "Capa 1" (lo más complejo del procesamiento de radio) a sus GPUs. En vez de depender de chips propietarios, la red se ejecuta como software sobre cualquier hardware: a la práctica, se trasladaría a que una misma antena procese llamadas de voz y ejecute modelos de IA en el mismo instante.
Y claro, este planteamiento choca con otros enfoques. Mientras vemos cómo Qualcomm prepara sus módems abrazando la llegada del 6G desde el procesador del smartphone, Nvidia pretende que el control resida en la infraestructura fija. Su objetivo, dotar a las antenas de capacidad de cálculo mediante GPU para que puedan asumir funciones de percepción del entorno (ISAC, una de las capacidades del 6G).
El dilema de Nokia y Ericsson
Que Nvidia proponga esto implica, para las dos nórdicas, una trampa de complicada gestión. En EEUU, el despliegue conjunto con T-Mobile completó llamadas ejecutando la primera capa en las GPUs Grace Hopper, demostrando que todas las tareas pueden recaer en el mismo hardware sin que exista degradación.
Y ante esta evidencia, las europeas han tomado caminos divergentes:
- Nokia ha optado por la tecnología estadounidense: anunció su plataforma AI-RAN comercial junto a Nvidia, de cara a no perder su hoja de ruta hacia el 6G, que tienen prevista para finales de la década.
- Ericsson, por el contrario, actúa con más cautela: prefiere adaptar su software a CPUs convencionales y limitar la GPU de Nvidia a funciones de alta carga, como la corrección de errores, para preservar su independencia y evitar un monopolio de chips en sus antenas.
Es una defensa de la infraestructura que ha tenido un reflejo en nuestro país. Mientras se discute el papel del software y los chips de IA, la sueca sigue demostrando que la física de las antenas es insustituibles: lo vimos cuando, junto a MasOrange, probaron antenas inteligentes en la banda de 6 GHz, algo que se extendió después a R y Euskaltel.
Sea como fuere, el desenlace de este asunto todavía está abierto. Con la estandarización del 3GPP (Release 21) prevista para consolidarse hacia finales de 2028 y los primeros despliegues fijados para 2029 y 2030, la industria todavía debe despejar algunas incógnitas. ¿Hay energía para soportar el consumo de esas GPUs en miles de emplazamientos por ciudades y pueblos? Es algo que hay que determinar.
Por tanto, nadie puede asegurar aún si el futuro 6G terminará siendo una extensión de los centros de datos de Nvidia o si Europa conseguirá blindar sus redes; lo que sí está claro es que el negocio de las antenas se ha abierto fuera de las telecos de toda la vida.
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